domingo, septiembre 03, 2006

Madrid, bonitas vacaciones

El palacio de las Telecomunicaciones desde la Plaza Cibeles

Ya se acabaron las vacaciones... lo único bueno, como diría mi padre es que ya queda un día menos para las siguientes.

La verdad ha sido una semana bastante completa: 2000 kilómetros con el coche en 6 días, es un buen promedio... el lunes a Irun, el martes a Gijón, el miércoles en Bilbao, el jueves en Madrid, el viernes en el Parque Warner de Madrid (entre Pinto y Valdemoro, como el refrán) y el sábado en Segovia y Aranda de Duero antes de llegar y tomar algo en Repélega. Como veis, casi media Vuelta a España.
Los primeros dos destinos de las vacaciones ya los conocía y me habréis oído hablar maravillas de ellos. Sinceramente, iba más receloso de Madrid. Para mí, por su estructura urbana es y siempre será la capital más grande de Castilla. De hecho, cuando después de la muerte de Franco se lleva a cabo la división autonómica de España, las autoridades se encuentran con el problema de que no pueden incluir a Madrid en ninguna de las dos Castillas a pesar de su vinculación histórica con las mismas por el desfase económico que supondría.
La llegada fue más fácil de lo esperado. A pesar de la gran cantidad de autopistas que atraviesan la capital estatal, una buena señalización (en general) hace que con un buen mapa -os recomiendo cualquiera de Anaya, que está haciendo un muy buen trabajo con las guías turísticas y los callejeros- se puedan subsanar fácilmente los problemas de las interminables obras.
El hotel en el que nos alojamos, el Gran Hotel Fiesta Colón, de 4 estrellas, situado entre la Avda. La Paz (M-30) y la Avda. Doctor Esquerdo, en la calle Pez Volador, hace que esté lo suficientemente céntrico (a sólo dos manzanas del parque del Retiro) y lo suficientemente apartado como para estar dentro y fuera de Madrid al mismo tiempo.
Después de comer en el Hotel nos dispusimos a conocer Madrid como se tiene que conocer una ciudad: andando. Como el calor no acompañaba aprovechamos las horas más incómodas para andar (entre las 4 y las 6 de la tarde el termómetro pasó de los 40º) para recorrer los pasillos del Museo del Prado. Por cierto, un sobresaliente para el museo, los estudiantes no pagamos NADA por entrar.
Después de las Meninas, Velázquez, el Greco, el Bosco, Murillo y una increíble colección de arte medieval, nos separamos de nuestro primer cicerone por la ciudad, mi buen amigo Joseba, para remontar por Alfonso XII y llegar hasta la Puerta de Alcalá y tomar en una cafetería Starbucks un café congelado. Teníamos que tomar fuerzas, había que subir la Carrera de San Jerónimo para ver el Congreso de los Diputados (y hacer las obligatorias fotos con los Leones, hechos con cañones secuestrados a los ejércitos enemigos en una de las miles de guerras que han sangrado España a lo largo de su Historia) y seguir hasta la Puerta del Sol.
A pesar de estar en obras, no perdió su ambiente de Nochevieja ni tampoco perdió su lucidez el Oso y el Madroño, símbolos de la ciudad.
Seguimos andando, bajamos por la Calle Mayor y nos metimos por la calle Postas, conocida por su gran vida desde hace siglos. Y llegamos a la plaza de Madrid por excelencia. La Plaza Mayor, engalanada por el estreno de Alatriste. Los turistas y los propios se refrescaban allá para las 7:30 de la tarde cuando el sol da tregua y la sombra nos acariciaba. Seguimos nuestro recorrido rápidamente para visitar lo que nos quedaba de Calle Mayor y, después de refrescarnos con una prohibitiva botella de agua en un ultramarinos chino (que cada vez abundan más, como en todos los sitios) nos llevó hasta la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena, enfrentada al Palacio Real o, como conocen los naturales, el Palacio de Oriente (debe su nombre al enorme Parque de Oriente, que lo separa del majestuoso Teatro Real).
Después de descansar gracias a la brisa (por fin templada y no ardiendo) que nos llegaba del Campo del Moro, escalamos hacia la Plaza España para poder ver dos moles que aparecen en casi todas las películas españolas de época: la Torre de España (la que fue hasta la construcción del Hotel Delhi de Benidorm la torre más alta del Estado) y, como no, el Hotel Plaza, que es, junto con el Ritz, el más emblemático de la villa.
Nos dejamos llevar entonces por la leve caída de la Gran Vía, abotargada de neones, de teatros, de hostales y de edificios de piedra que rasgan las pocas nubes que en verano tiene el cielo madrileño. Nos detuvimos en la plaza Callao para tomar aire y visitar la comercial calle Preciados (cuyo nombre hace honor las Galerías que no hace demasiado fueron absorbidas por el gigante "Corte Inglés") y seguimos para ver el enorme edificio central de la multinacional Telefónica.
La noche se caía y llegábamos otra vez a la calle Alcalá. Dejábamos a un lado el edificio metrópolis, que antiguamente perteneció a la aseguradora la Unión y el Fénix y que, a pesar de que se llevó la conocidísima escultura que adorna todas sus sedes, fue sustituída por otra que ha sido rápidamente abrazada por los lugareños.
Una rápida visita a la plaza Cibeles y una vista al genial Palacio de las Telecomunicaciones nos llevó hasta el metro. Un transbordo y -a pesar de que no tiene nada que ver con el de Bilbao- llegamos relativamente rápido a nuestra estación, la de Sainz de Baranda.
Se acababa el día. Casi 15 kms andados nos dejaban agotados. Había que descansar, nos esperaba el Parque Warner de Madrid.

La Warner, otra perspectiva, un éxito
En principio, salvo la chica de la agencia de Halcón Viajes en Portugalete, no habíamos recibido buenas sensaciones del Parque de la Warner en Madrid. La verdad, la sombra de Port Aventura es muy alargada.
Como nos explicaba una trabajadora del Parque, la gran diferencia reside en que no tiene aglomeraciones durante el año como puede ser el de Salou, sin embargo, vivir pegado a una gran ciudad le garantiza clientes todos los días que abre. Y, a la vez, le evita colas y esperas en las atracciones.
El sistema, muy sencillo, similar a una mezcla entre EuroDisney y Port Aventura. A la entrada imita del primero una zona de tiendas y dedicada a los niños y a las fotos. Se llama Movie World e imita a Hollywood Boulevard en Los Ángeles. Después la tierra de los "cartoons". Delicia para los niños. Las casas parecen estar dibujadas y el andante se siente como un Loony más. La siguiente tierra corresponde, como es obligación en todos los parques temáticos, al Oeste. Es el Old West Territory. Atracciones de agua, montañas de madera y el coyote y el correcaminos vestidos de vaqueros por todos los lados.
El siguiente paso es la siniestra Gotham City de Batman y la setentera Metropolis de Superman. Aquí se encuentran atracciones tan espectaculares como las de Port Aventura, aunque eso sí, más cortas de disfrutar.
La comida es barata y buena. Las tiendas baratas y con todo lo que desee un niño pequeño o adulto. El tren te deja en la entrada y la propia entrada es bastante asequible.
Un acierto. Por cierto, gracias a la organización por las duchas, cuando el sol pica, se agradecen mucho.

Como podéis ver mi balance de las vacaciones... un 12 sobre 10. Después de andar por Madrid estos días, la recomiendo para pasar un fin de semana variado: teatro, paseos, museos, monumentos, parques de atracciones... eso sí, suerte con las obras.

2 Comments:

At lunes, septiembre 04, 2006 11:45:00 p. m., Anonymous Arantxa said...

Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices en el post.
Madrid es una ciudad muy agradable, con una oferta de ocio inmejorable y un ambiente envidiable en todas sus zonas (o por lo menos en las que tuvimos la suerte de recorrer). Lo único que deja bastante que desear, por lo oscuro y "tétrico" que resulta a ciertas horas, es el metro.
Lo que sí me sorprendió de Madrid fue encontrarme con una ciudad plagada de policías en todas las calles (puede que a mucha gente le de seguridad, pero a mi me inspira todo lo contrario).
Aún así, es un sitio al que volvería encantada, sobre todo para poder disfrutar de las numerosas obras de teatro y musicales que se reparten en los teatros que ocupan la Gran Vía.
En cuanto a la Warner, me pareció un sitio increible, muy divertido y, sobre todo, muy completo, ya que lo pueden disfrutar desde los más pequeños hasta los más mayores, y desde los que nos montamos en todo tipo de atracciones (y cuanto más peligrosas mejor), hasta los que prefieren algo más calmado. Me parece un acierto dedicar una de sus zonas exclusivamente a las atracciones dirigidas a niños pequeños, lo cual explica la gran cantidad de niños (incluso de silla) que nos cruzamos (algo que en Port Aventura no es tan habiutal debido a la poca oferta infantil que posee). Además, los niños (y los mayores) también pueden disfrutar de unos espectáculos más amenos e infantiles y, por otra parte, a lo largo del recorrido nos podemos encontrar paseando a Pedro y Wilma Picapiedra o al Pato Lucas, entre otros, y sacarnos fotos con nuestros personajes fevoritos.
Como pega a las vacaciones, sólo el calor, por lo demás, un sobresaliente.

 
At miércoles, octubre 18, 2006 4:21:00 p. m., Blogger Aritz Garate said...

Eso eso, poneos los dos a dar envidia a aquellos que no nos hemos podido pegar unas vacaciones. Por suerte estube en Madrid y en la Warner hace un tiempecito y estoy totalmente de acuerdo con los dos. El metro, como decia Arantxa, de pelicula de terror segun en que momentos y la Warner espectacular, no tiene nada que envidiar a Port Aventura solo la duracion de las atracciones de superman y batman que se me hicieron muy cortas.

Bueno pareja, ahora a ponerse las pilas con el proyecto de investigacion que ya sabeis que nos han quitado tres meses y en vez de entregarla en julio ahora hay que hacerlo en marzo.

 

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