sábado, agosto 05, 2006

Un Nuremberg para el sionismo

En vista de que el post sobre la Navaja de Occam ha provocado tantas tiranteces (mirar comentarios) he decidido publicar un artículo de opinión que apareció en la sección Iritzia (opinión) de Deia el jueves 3 de agosto.
Está firmado por Iosu Perales, autor de "El perfume de Palestina" y creo que da una visión bastante acertada de lo que está ocurriendo entre Líbano, Palestina e Israel. A continuación os lo paso:
Recientemente un editorial del diario israelí "Haaretz" decía lo siguiente a propósito de la agresión militar sobre Gaza: "Un Estado que ataca indiscriminadamente a la población civil, deja a 700.000 personas sin electricidad, desaloja a más de 20.000 de sus casas y destruye hospitales, ¿en qué se diferencia de una organización terrorista?" Desde la publicación de dicha editorial el Gobierno israelí y sus generales se han superado con creces: han extendido la matanza a observadores de Naciones Unidas y sobre todo a la población infantil tanto en Líbano como en Gaza. Por cierto, la opinión pública mundial debería saber que en los últimos cincuenta años el ejército israelí ha matado a centenares de menores de edad, sobre todo palestinos.
Los crímenes de Israel son justificados por su gobierno y por Estados Unidos, y atenuados por la Unión Europea, bajo el pretexto de la legítima defensa. Es posible que la población israelí no entienda que entre las matanzas de su ejército en Gaza y la reacción de Hizbulá en la frontera del sur del Líbano hay una relación total. Del mismo modo el rapto de un soldado israelí en el puesto militar de Kerem Shalom por milicianos de la franja de Gaza no es sino la respuesta a una fuerza ocupante. Pero Ehud Olmert, como Washington y Bruselas, saben perfectamente cuál es la causa de esta terrible crisis: la ocupación de los territorios palestinos por una fuerza militar y por más de doscientas colonias de judíos. Ésta es la herida abierta en Oriente Medio que la manipulación de los hechos pretende que olvidemos. Se nos dice que Israel se defiende del terrorismo cuando en realidad es una potencia colonizadora que aplica la limpieza étnica para su objetivo de construir el Gran Israel, utilizando para ello métodos de castigo colectivo contra la población civil del más puro estilo nazi.
El objetivo del sionismo es la sustitución de un pueblo por otro en un territorio, mediante la inversión de la demografía a través de tres mecanismos: la expulsión de la población palestina; la prohibición de su retorno mediante leyes; la importación de población judía de todo el mundo para colonizar nuevos territorios en Judea, Samaria y Jerusalén. No es de extrañar que el primer ministro Olmert esté dispuesto a negociar la presencia de una fuerza de interposición en el sur del Líbano, una vez que su ejército se haya posesionado del terreno, mientras que niega esta posibilidad para el caso de Cisjordania y Gaza. La respuesta es clara: el sionismo no renuncia a conquistar más territorios en la Palestina ocupada, pues en su agenda oculta se contempla dominar toda la Palestina histórica, desde el río Jordan hasta el Mediterráneo, por lo menos. En su particular hoja de ruta el Estado de Israel no contempla someterse al derecho internacional y al derecho humanitario. Para seguir siendo un Estado díscolo cuenta con el apoyo incondicional de Estados Unidos en cuyo país el sionismo y la Nueva Derecha Cristiana matienen una alianza teológica y militar.
Israel hoy por hoy representa un peligro para la paz mundial. Más aún cuando sus dirigentes y parte de la población, en palabras del intelectual judío Michael Warschawski, "ha asumido el concepto de choque de civilizaciones y ve la necesidad de una guerra de anticipación permanente". El árabe, lo musulmán, enemigo histórico en la lucha por la supervivencia del Estado de Israel se convierte ahora en un enemigo aún mayor que luchar por derrotar al mundo civilizado. Esta tesis hecha paranoia justifica totalmente la violencia que se pueda desplegar contra la barbarie musulmana. Sin embargo, ni Israel, ni EE.UU. ni Europa deberían olvidar que un joven llamado Osama Bin Laden contempló la invasión israelí del Líbano en los años ochenta y que hoy muchos otros jóvenes están contemplando idéntico escenario. No, realmente por mucho que se diga esta no es una batalla contra el terrorismo: es una guerra que pretende cambiar el mapa político de la región, de Estados debilitados y gobiernos títeres, con Israel como gran gendarme. Esta locura no puede quedar impune, por más que Israel, aspirando al estatuto de víctima del Holocausto culpe a sus adversarios de sus propios estragos. La invocación a los males sufridos por el pueblo judío constituye la base de un discurso que pretende un pasaporte de inmunidad perpetua con el fin de ejercer una violencia despiadada. Es siguiendo esta lógica que el primer ministro Olmert ha culpado a las autoridades libanesas de no haber desalojado el edificio bombardeado en el que ha sido asesinados dos docenas de niños y niñas. Lo mismo dijo ETA a propósito de su bomba en Hipercor.
Ehud Olmert, como Ariel Sharon, sus ministros y generales merecen un juicio internacional por crímenes contra la Humanidad. Los asesinatos en masa de que son culpables no son comparables siquiera con los de Al Qaeda y mucho menos con los de Hamas o Hizbulá, por la sencilla razón de que un Estado está sujeto a la Ley. Cuando un Estado comete actos de terrorismo -Israel aterroriza sistemáticamente a la población civil de Gaza, Cisjordania y ahora el Líbano- su culpabilidad es mucho mayor, pues al quebrar el derecho y violar los convenios humanitarios está poniendo en grave peligro la sociedad mundial y a las relaciones internacionales y sus normas. Si algunos verdugos -no desgraciadamente todos- de los judíos fueron juzgados; si asesinos generales serbios están siendo sometidos a un tribunal internacional ¿cómo se podrá justificar para la Historia el no enjuiciamiento de líderes sionistas culpables demostrados de matanzas horribles? Es evidente que no habrá ningún gobierno ni organismo internacional dispuestos a un Nuremberg para el sionismo. Al contrario, parece que EE.UU. y la Unión Europea seguirán permitiendo que el monstruo sea cada vez más grande, llevándonos de esta manera al borde de una conflagración mundial; pero la sociedad civil, las organizaciones de Derechos Humanos, las ONG, deberíamos hacer algo, aunque sea simbólico, exigiendo al Tribunal de Justicia de La Haya la apertura de un juicio al sionismo. Entonces se les podrá pedir explicaciones de por qué en la estación de autobuses de Jerusalén haya lucido durante tanto tiempo un graffiti que dice: ¡Holocausto para los árabes!

1 Comments:

At domingo, septiembre 24, 2006 11:18:00 p. m., Blogger BuenaPrensa said...

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