domingo, agosto 20, 2006

El profesor


Creo que ha llegado la hora de que dedique un trocito del blog a la crítica literaria. Sé que consumo un tipo de lectura muy especial. Normalmente me decanto por la novela histórica, además de las obras que las emulan (soy un verdadero enamorado de Tolkien y, en especial, de su Silmarilion). También suelo leer libros en inglés, para intentar mantener en forma un idioma que, para mi, está cada vez más "fofo". Os recomiendo, a los que os guste Superman, los libros Smallville de la Editorial Orbit. Cuentan tres historias cortas sobre la juventud del héroe moderno por antonomasia. En ellos se basó la teleserie.
Otro buen libro en inglés por lo curioso que resulta su formato (es una colección de artículos de opinión) es "Notes from a Big Country" de Bill Bryson. En él, el autor inglés, analiza todas las curiosidades del modo de vida americano. Uno de los capítulos que más me gustó fue el dedicado a los sobrenombres que tienen cada uno de los Estados de la Unión. Aparecen en las matrículas de los coches. A partir de este detalle analiza las costumbres de cada rincón del país. Ante todo, original. Es como encerrarse en un capítulo de Los Simpson.
Pero me llega la hora de centrarme en el libro que voy a "criticar". Me lo regaló hace poco mi novia y, sinceramente, después de leerlo no te extrañas de que su autor -Frank McCourt- haya ganado ya un Pulitzer.
En la obra, el escribano estadounidense criado en Irlanda y vuelto a su tierra con 19 años, narra su propia experiencia como docente en el instituto McKee de Nueva York. A simple vista puede parecer otra novela más que podría acabar en las garras de alguna productora estadounidense para hacer una serie de ambiente sesentero y, simplemente, para hacer otra película más para la sobremesa de cualquier televisión protagonizada por Robin Williams (desde que hizo El Club de los Poetas Muertos cada vez que pienso en un profesor de cine me viene él a la cabeza).
Sin embargo la forma en la que trata los diálogos con él mismo. Ver cómo analiza a los alumnos y cómo comprende que el primer estudiado es él, no sólo por su clase, sino por todos los demás -padres, director, demás profesores, etc.- y su capacidad de autocrítica, hace que se convierta en una historia entrañable en la que se nos muestra la evolución del personaje desde el principio hasta el final de su docencia.
A pesar de ser un libro de 290 páginas, en ningún momento decae su ritmo. Siempre nos cuenta alguna anécdota novedosa sobre cómo salía de los apuros, muchas veces por azar, que nos vuelve a despertar y a arrancar una sonrisa para volver a meternos de lleno en la historia.
Además, la capacidad descriptiva del autor, y el genial trabajo de Alejandro Pareja como traductor para poner siempre la palabra exacta en el lugar exacto hace que, gracias a la foto biográfica de la portada, podamos imaginarnos cada una de las cosas que ocurren entre las aulas del McKee.
Sinceramente, creo que es, realmente, un soplo de aire fresco en las librerías entre tanto Código Da Vinci y tregua etarra. Por un momento nos devuelve a las antiguas aulas de los colegios en las que todos vivimos o de las que tantas veces nos han hablado. Al fin y al cabo, ¿quién no a tenido a su profesor?

1 Comments:

At jueves, enero 31, 2008 11:09:00 a. m., Blogger Alejandro said...

Hombre, pues muchas gracias por tus palabras. Este libro (El Profesor) tuvo la particularidad de que se quiso sacar al mismo tiempo en inglés y en español, de modo que me iban enviando sucesivos manuscritos de McCourt para que yo lo fuera traduciendo al tiempo que lo escribía él. Fue un trabajo muy interesante.
Un saludo
Alejandro Pareja

 

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