viernes, julio 28, 2006

Impresionante Asturies

Hacía mucho tiempo que no visitaba el Norte de España. Las prácticas y el trabajo no me permitían salir de vacaciones desde hacía cuatro años y mis viajes se "reducían" a Irun y Donostia además de alguna escapada más o menos espaciada a Iruña. Así que tenía muchas ganas de volver al Cantábrico. Al fin y al cabo es "mi" mar y me encuentro mucho más a gusto dando vueltas por la zona Norte del Estado que por el Sur (aunque la riqueza de esta otra región es envidiable).
Al ser Galiza tierra de mis antecesores había pisado muchas veces tierra de guajes, sin embargo la mala situación de la carretera hizo que mi padre, por economizar tiempo y combustible -que viene a ser lo mismo que tiempo y mucho dinero- se decantó por la Autopista del Norte, de la que sólo pagas el último tramo entre Burgos y Bilbo (la nada desdeñable cantidad de 15,70€).
El viaje se presentaba emocionante: el primero con el León -quería saber cuánto daba de sí en un trayecto "largo", 800 kilómetros en tres días no está mal para un coche que no llegaba a los 5000- y volver a Xixón, una ciudad costera de la que oía maravillas pero que no visitaba desde hacía, al menos, quince años.
El resultado: espectacular. Asturies siempre me había embelesado por su preciosa y exhuberante naturaleza. Me había enamorado por su gastronomía -bien lo saben los pocos restos de quesu de Cabrales que ya casi no quedan en la nevera- y, como casi todo el Norte, en especial Galiza, por su gente.
Tenía puestas muchas expectativas en cómo sería el Hotel Príncipe de Asturias en el que nos alojamos. La verdad lo recomiendo no sólo por la hospitalidad del personal y por el nivel de las habitaciones, sino también por su cafetería y su comedor. Poder mirar el Cantábrico sobre la Playa de San Lorenzo desde un noveno -a pesar de tener vértigo y de que era un día lluvioso es, sin duda, de lo mejor que se puede ver en toda la costa cantábrica-.
La ciudad
Con unos 270.000 habitantes Gijón es la primera ciudad del Principado y la segunda del Cantábrico tan sólo por detrás de Bilbo, la gran metrópoli del Norte y, después del Burdeos -contando las respectivas áreas metropolitanas- de todo el Atlántico sureuropeo.
Los esfuerzos de reconstrucción de la antigua Gigia romana no están cayendo en saco roto y sus playas y el modo en que han remozado la antigua zona portuaria está al mismo nivel que cómo han preparado su casco antiguo. Ojo al espectacular Palacio de Revillagigedo con una preciosa y bélica estatua del omnipresente Don Pelayo.
La zona de Begoña alberga un precioso parque en el que los oriundos se detienen a disfrutar de sus familiares y amigos y, la verdad es que Xixón es eso: un lugar donde el tiempo parece ir más despacio y en el que disfrutar.
A ello hay que unirle dos cosas la "ajetreada" calle Corrida y, sobre todo el latir incesante de sus sidrerías. No soy un amante del alcohol en general y de la sidra en particular, pero ver el ansia con el que la degustan los asturianas casi hacen que tenga ganas de dar un trago.
Después de todo ello sólo queda un punto fundamental para un viajero vasco: la gastronomía.
Tuve el placer de degustar y deleitarme con una sensacional fabada asturiana casera hecha con el mejor compango. Increíble. También me pude emocionar con una genial y atrevida ensalada y un muy bien preparado bacalao (difícil de dar a probar a un bilbaíno amante de este pez) en una sidrería en la que hay que pedir mesa con antelación aunque sea un día laborable: el Restallu.
León, la otra parada
Para volver a Bilbao hicimos una parada rápida en León, capital de uno de los antiguos y más esplendorosos reinos de la España de la Reconquista. Aunque al entrar pueda parecer una ciudad perezosa y somnolienta, mientras nos acercamos al León medieval (el Barrio Húmedo), aumenta su palpitar.
Sus tiendas de gastronomía (aunque no se autodenominen delicathessen están a su nivel) poseen geniales productos selectos. Un perfecto envoltorio para adentrarnos a sus calles medievales en las que podemos ver, de vez en cuando, un artesano gótico. Justo después de visitar el Hostal de San Marcos, con su genial fachada plateresca y su peregrino de metal siempre observándolo. Este genial edificio, una de las obras cumbres del Renacimiento español, fue sede de un hospital para los peregrinos del Camino de Santiago, sede de los caballeros de dicho Camino e incluso cárcel durante la Guerra Civil y los primeros años de la posguerra, hasta que paso a convertirse en uno de los más reseñados Paradores Nacionales.
El Hostal es un prólogo genial para un nudo espectacular: la Catedral de León. Su inmensidad, sus vidrieras y los edificios circundantes (aunque no al lado, sí está cerca el Palacio de los Guzmanes) hacen que retrocedamos seis siglos en el tiempo.
Y justo antes de volver a nuestro querido botxo (y después de disfrutar del Seat León un buen rato, porque no decirlo), paramos en Burgos a ver otra catedral: la tercera más grande del Estado y, junto con la de Colonia, la más importante del gótico europeo.
A quienes os guste el arte gótico y pisar y tocar la Historia os la recomiendo. Nó sólo por su tamaño, por su emplazamiento, por cómo la están arreglando, por su escalera dorada y por su museo catedralicio, sino, sobre todo, por la Capilla de los Condestables. Simplemente, espectacular. Uno de los templos más geniales de la cristiandad.
Me quedo con ganas de volver. Más cabrales, más buena gente, más coche y, sobre todo, la siguiente parada. ¿Dónde será? Uvieu suena bien. ¡Hasta pronto Asturies!

1 Comments:

At sábado, julio 29, 2006 12:32:00 a. m., Anonymous Arantxa said...

He nacido en Gijón y aunque me fuí muy pronto he veraneado allí todos los años, y puedo decir que a pesar de que es una ciudad preciosa por sus playas (además de la de San Lorenzo, la de Poniente no tiene desperdicio), sus impresionantes paisajes y su envidiable gastronomía, lo mejor que tiene Gijón es, sin duda, su gente y el ambiente que se respira.
Aunque al llegar allí puede parecer una ciudad "parada", sobre todo a los que estamos acostumbrados al ritmo de una ciudad como Bilbao,enseguida te aclimatas, y lo que en un principio te parece parado, luego te parece comodísimo. El ritmo es más relajado, lo que se nota en el humor de la gente, que siempre tiene un comentario agradable en cualquier lugar, lo cual se agradece, cero prisas, cero stres. Además, salir a la noche por la ciudad, sobre todo en fiestas (no hay que perderse sus fuegos artificiales ni sus conciertos)conlleva diversión asegurada.
En cuanto al Hotel Principe de Asturias sólo puedo decir: vaya comedor y vaya desayunos!!!
Puede que no sea una ciudad tan rica como Bilbao, ni tan bonita como Donosti, pero tiene "algo". En cuanto a Santander, a pesar de que lo conozco poco, me parece que tiene mucho que envidiar al resto de las principales ciudades de la costa del norte. Me quedo con ganas de conocer La Coruña, que tengo entendido que también es una ciudad muy bonita, y un paraiso para los que nos gusta el marisco.
En cuanto a León, estoy de acuerdo con que es una ciudad con lugares y monumetos impresionantes (mi preferido es San Marcos, y tampoco hay que pasar por alto el impresionante parque Quevedo) pero creo que le falta el encanto de las ciudades con playa. Aún así, es un lugar muy agradable que recomiendo visitar y disfrutar.
Yo también me quedo con ganas de más vacaciones, pero ya queda menos para las siguientes, que si no son a Oviedo, no estaría nada mal que fueran a Andalucía, aunque esas prefiero que no sean en verano, demasiado calor!!!

 

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