miércoles, abril 26, 2006

La imagen de la semana



100 metros de altura. 86 de caída libre. 4 segundos de bajada. Velocidad en el punto de frenado: 150 kms/h declarados, según ciertos medios más de 180 kms/h. El edificio autosportado más alto de la provincia de Tarragona. Se ve desde las murallas de la capital, a más de 10 kilómetros. El Salto del Fénix de Terra Mítica (Benidorm) ya ha sido superado. Este pájaro más grande y rápido (la atracción de caída libre más alta del mundo) vive en México (Port Aventura, Salou). Su nombre, HURAKAN CONDOR

Y yo que me quejaba

Me he dado cuenta repasando el "blog" de memoria durante mis vacaciones en Salou que últimamente no hacía más que protestar por todo. Política, economía, sociedad, deportes, etc. Más o menos como un viejo gruñón que no le ve nada bueno a esta vida. Y la verdad, estas vacaciones me he quejado mucho de algunas cosas que no me han gustado, pero también me ha servido para darme cuenta de lo bueno que suele tener nuestro trocito de tierra.
Lo primero que me llamó la atención al bajarme del autobús en el hotel (que estaba situado en Cap Salou, no en el propio Salou) fue que el recepcionista nos saludó en inglés (qué fue del nacionalismo catalán que obliga a sus alumnos a aprender y emplear como lengua cotidiana la lengua de la tierra) para después avanzarnos que los horarios de comida eran de 8 a 9:15 de la mañana para el desayuno; de 1 a 2:15 para la comida y de 8 a 9:15 para la cena.
Un horario muy poco "mediterráneo" pero, al fin y al cabo, el que había. Lo siguiente que me llamó poderosamente la atención ocurrió al llegar al comedor después de dejar las maletas en nuestra (bonita, dicho sea de paso) habitación.
La comida era típicamente "british": muchas salsas extrañas y grumosas para ornamentar alimentos como la pasta, pescados irreconocibles y trozos de carne de origen ligeramente incierto. La bebida (en este caso agua), extremadamente cara: 1,5 euros por tan sólo medio litro.
Durante la tarde del primer día nos dimos un paseo por Salou: mi idea sobre el nacionalismo catalán se acabó de derrumbar. El primer idioma de los menús era el inglés, el segundo el alemán o francés, después el castellano y después el catalán. ¿Dónde se queda el orgullo de la nación catalana? Por desgracia creo que en cuarto puesto.

La falsa importancia del turismo
A la sazón de todo esto, me di cuenta durante la semana que pasé en el Molinos Park (de tres estrellas) que el papel de los autóctonos era bastante residual. Desde los camareros del bufé hasta las señoras de la limpieza nos hablaban en inglés (o algo parecido que en algunos casos no llegué a descifrar). La comida, las bebidas de la cafetería y las animaciones de los niños estaban dedicadas a los huéspedes británicos hasta tal punto que el encargado de cuidar a los más pequeños no sabía hablar castellano.
Fue precisamente ésta una queja que vi que interponía una madre desesperada por el aburrimiento que sufrían sus querubines mientras yo me despedía el domingo del recinto. Animado por la conversación y las vagas excusas del recepcionista, le recordé que los únicos con licencia para fumar en cualquier lugar del hotel (y por lo que pude oir a una chica de mantenimiento, también para orinar y vomitar) eran los extranjeros.
Finalmente, ante el empuje de las quejas tanto de la madre como mías el hombre cedió: "nosotros vivimos de los ingleses todo el año, la razón por la que tenemos cuatro parejas vascas en el hotel es porque nos ha insistido Halcón Viajes que necesitaba cuatro habitaciones para alojarles esta semana". Al respecto: chapó a Halcón Viajes, ya sabe como reciclar a los que pagamos como los demás, mandándonos al final de Salou al equivalente catalán de Gibraltar.
A todo ello había que sumarle que el precio por tres kilómetros de distancia y diez minutos en autobús era, como mínimo, de 1,5 euros por persona, ya que no existe ningún abono para nadie que no esté jubilado.
Todo ello me ha llevado a una conclusión: me quejaba del transporte público en Euskadi, mucho más moderno y rápido, además de barato. Me quejaba de los descafeinado que se veía últimamente el nacionalismo en Euskadi: aquí, por lo menos, los idiomas no oficiales no aparecen en primer lugar. Me quejaba de lo mal situados que se encontraban en Euskadi ciertos alojamientos, nosotros estabamos en mitad de la selva negra.
Sí es cierto una cosa sobre el emplazamiento: una compañía desahogada y el increíble paisaje que nos rodeaba, con el Mar Mediterráneo de frente y bonitos pinares de la cuenca del Ebro abrazándonos, hacía de los Molinos un lugar exquisito para apartarse, por un momento, del estrés de la universidad, el trabajo y, casi casi, de cualquier rastro de civilización.

sábado, abril 08, 2006

La otra imagen


Al igual que disfruté de "gato", dentro de poco me tocará pasármelo bien con Scrat (por fin, que ganas de que llegara "el deshielo")

miércoles, abril 05, 2006

La imagen de la semana


La Diputación y la Villa Foral intentarán que el Gernika vaya a donde debe estar, donde quiso Picasso


Marcados por creer


No llevo mucho tiempo escribiendo en el blog. Más o menos desde que Gorka Palazio nos enseñó cómo usarlos y descubrí que podía ser un modo de expresar mis ideas. No para que los demás me dieran la razón o me criticaran. No sólo para conseguir que la gente me leyese. Más bien para desahogarme. Para compartir con los demás y conmigo mismo lo que pienso en cada momento. Algo así como un "diario secreto" abierto a todo el mundo.
Los que me conocían antes de este blog supongo que no se habrán sorprendido demasiado con las cosas que he escrito. Creo que todos sabían mi modo de pensar respecto a la política -no me gusta ocultar mi condición, pues considero que la ideología política es una faceta importante a la hora de estructurar el pensamiento de cada uno-. También que me gusta viajar. El tipo de cine con el que disfruto y la música que me "pega".
Eso es algo que tengo que agradecer a este blog. Los que me conocían me conocen aún más o, mejor dicho, han visto que me reafirmo en mis fobias y mis gustos. Los que no, espero que no se hayan asustado mucho.
Bueno, sin más preámbulos, voy a centrarme en lo que quiero contar hoy: los estereotipos. Durante unas cuantas semanas he estado bastante "reflexivo" conmigo mismo. Con mi modo de ser y de pensar y una de las cosas en las que mas me he fijado es en la cantidad de estereotipos que componen la mente humana. No sólo sobre los demás, sino también sobre nosotros mismos. Nuestra forma de pensar es, muchas veces demasiado cerrada. Demasiado ciega. Siempre hace falta que alguien que ve nuestro mundo desde fuera venga a abrirnos esos ojos. Un profesor de filosofía del que "disfrute" en el Instituto siempre nos recordaba lo importante que es la metáfora de "El Show de Truman". El que puede ver todo desde fuera, puede controlarlo todo. Al tener una perspectiva alejada y completa de nosotros, pierde las connotaciones sentimentales, pero a cambio, aumenta geométricamente la visión del conjunto, de las razones y de las consecuencias y, por lo tanto, puede calibrar más cuál será la reacción de cada uno en cada momento.
No obstante, no es aquí a donde quiero llegar. Al fin y al cabo, la mente humana ha de ser totalmente libre para viajar donde quiera recorriendo nuestros recuerdos y sentimientos. Cuando dejamos de actuar con el corazón, de hacer lo que nos pide el instinto en cada momento perdemos nuestra condición humana para convertirnos en robots.

Quiero creer
La razón por la que escribo hoy es por dos experiencias que he tenido en los cuatro últimos días. La primera fue un trabajo que tuve que enviarle a Antonio García Gutiérrez, profesor de la Universidad de Sevilla y uno de mis maestros en los cursos de doctorado que curso sobre epistemología de la comunicación.
Se me mandó que leyera un libro titulado "Imperio" -que recomiendo a todos aquellos que quieran hacer un estupendo repaso a la historia del pensamiento político desde los griegos hasta finales del siglo XX- escrito por Michael Hardt y Antonio Negri. El primero es profesor de una prestigiosa universidad estadounidense. El segundo se encuentra actualmente en la cárcel por haber sido activista de izquierdas (comunista bastante radical por lo que he podido investigar) en los años 70 en Italia.
Ambos hacen un "ataque" bastante ciego a lo que denominan el "Imperio del capitalismo" o Estados Unidos. Atacan su sistema imperialista basado en el biopoder de Foucault (para invadirte no necesitan una guerra, sólo hacen que interiorices que ellos son el imperio usando medios como la televisión, el cine o la música). Supongo que habrá gente más o menos de acuerdo con ello. Al fin y al cabo, estos son días en los que todo el mundo cantamos odas contra el poderoso y se quiere arrimar al débil invadido (Palestina, Irak, Afganistán, etc.) mientras bebe una Coca Cola y calza unas Nike. A mi, sinceramente, no me interesa demasiado el papel de Estados Unidos más allá de lo que me afecte a mi y a mi tierra. Supongo que, como todos, tendrán cosas buenas y malas.
Sin embargo, para justificar sus planteamientos antiyanquis ambos autores hablan de que se está repitiendo un proceso que ya se dió hace décadas en Europa, cito: "el oscuro manto del nacionalismo se está ciñendo sobre el mundo".
Cuando lo leí me quede bastante impresionado. Más bien absorto en lo que, para mi, es la mayor aberración sobre la que han pasado mis ojos en un volumen de este tipo. Realicé la crítica y la envié. Pero poco después, tras leer noticias en medios "anacionalistas" -si es que existe esta palabra- como El Correo (que se autodefine así, como todo el Grupo Vocento al que pertenece) o El Diario Vasco, o antinacionalistas, como El Mundo, El País o ABC, me he dado cuenta que los que somos nacionalistas, da igual de izquierdas que de derechas, violentos o no, somos automáticamente marcados como neandertales.
Los políticos inventaron hace años la expresión ciudadano del mundo y con ella etiquetaron a todas las personas de bien, esto es, aquellas que no harán ninguna reclamación por el absoluto desarraigo que estamos sufriendo de manos del capitalismo y de los partidos políticos que se encuentran a su total disposición.
En la crítica del libro sentí la necesidad de comentarle al profesor mi indiganción por la colección de improperios que vertía en sus páginas sobre los que queremos a nuestra tierra, me da igual vasca que catalana que española o irlandesa. Le comenté que algunos nacionalismos si han sido una plaga (el nacismo o el fascismo) pero que esos nacionalismos no fueron más que la exaltación de una persona: Hitler no era nacionalista, Hitler se amaba a sí mismo por encima de todas las cosas. Mussolini no era nacionalista, era ególatra. Franco no era nacionalista, era un militar que cuando ganó la guerra decidió que se convertiría en el nuevo rey católico. Todos ellos tuvieron un punto en común: exaltaron el nacionalismo para ponerlo a su servicio. Ellos sólo se querían a sí mismos.
La respuesta del profesor fue que mi postura era valiente por defender mi amor a lo nacional, que la respetaba porque, aunque no la compartía, en esta época es necesario que tengamos algo en lo que creer. Sinceramente, he pensado mucho en lo que me dijo y creo que me ha dado una perspectiva muy novedosa del nacionalismo. Me he dado cuenta de que el nacionalismo muchas veces es una razón de fe. De creer. También he aprendido estos días la importancia que tiene no dejar caer en el olvido nuestras raíces. Muchas veces la belleza de un paisaje puede provocarte un torbellino de sentimientos que no lo podrá hacer ninguna riqueza material. Al fin y al cabo, cuando entramos en materia de creencias nos topamos, casi siempre, con las connotaciones y lo que nos dicta el corazón.

Despojos sociales
La segunda experiencia con estereotipos la viví ayer mismo. En una clase de la Universidad de Deusto. El debate que se planteó fue el del bien común y la paz social. No estoy muy docto en todo ello pero todo comenzó con un ejemplo puesto por una alumna: el centro de acogida para menores "conflictivos" -¿¡cómo se puede llamar así a un niño o joven de entre 13 y 17 años!?- en la localidad bizkaitarra de Amorebieta.
Por un lado todo el mundo era comprensivo con que "en algún lado tienen que estar" (me abstengo de opinar) pero, entonces, de las profundidades del aula salió una voz que dijo, sin temblar ni siquiera un poco, segura de "su razón" que eso no es el bien común porque "¿quién los quiere a su lado? sólo pueden traer problemas a la comunidad. Al fin y al cabo algo habrán hecho para estar en la cárcel (!!!!!!!)".
No voy a entrar a comentar mucho esto. Creo que no es el primer caso de personas que han estado en la cárcel o que cada año son ejecutadas por una legalidad que no es justa. Por intereses políticos, porque no se ha encontrado otro culpable que esa persona que estaba en el momento inadecuado en el lugar menos oportuno. Me gustaría que esa persona recordase que Gandhi estuvo en la cárcel. Que el Ché Guevara era un criminal para la "justicia". Que durante años a aquellas personas que no estaban de acuerdo con el régimen franquista se las metió en la cárcel o se las fusiló. Creo que muchas veces caemos demasiado pronto en la vagueza que supone decir "en democracia, con el Estado de derecho -espero que algún día alguien me defina qué es eso realmente- las instituciones funcionan y el bien siempre gana al mal -algo así como con los 4 fantásticos, Batman y Robin o Spiderman-.
Me dio mucha pena por lo peligroso que es que una persona que estudia lo que estudia piense así. Muy peligroso para la sociedad. Al fin y al cabo está abocada a regirnos si tiene suerte en esta vida. Sólo le faltó volver a aquellas teorías decimonónicas según las cuales los rasgos o el tamaño de la cabeza y las extremidades decían "inequívocamente" quien era o no un criminal.
Parece ser que dentro de poco a los niños se les pondrá un código de barras según cuál sea su modo de pensar... los que salgan defectuosos los reciclaremos. Increíble: a pesar de estar en el siglo XXI en plena "democracia", seguimos como en la Edad Media, marcados de por vida.

sábado, abril 01, 2006

La otra imagen




Aunque normalmente sólo coloco una imagen, creo que la "ingeniería de alto rendimiento" del Volkswagen Golf GT (1.4 y 170 CV) se merece un huequito en el blog de un amante del motor y de este mito. Enhorabuena para todos aquellos que se preocupan por nuestra pequeña bolita. Los esfuerzos de algunos han hecho que cada vez más personas nos preocupenos por no contaminar. Desde Wolfsburg dicen que con este motor comienza una nueva era para el automóvil. Consume mucho menos que los demás motores de gasolina, es mucho más potente y, además, contamina menos que los diésel convencionales.


La imagen de la semana


Paisaje de Getxo publicado en flickr.com

La hora de decidir

Llegó el gran día. La gran noticia. ETA ha declarado la tregua. Era un secreto a voces que nadie quería decir pero que todo el mundo quería oír. Es el momento de que reflexionemos y veamos si somos capaces de cumplir las promesas que nos hicimos. Ya era hora de que la clase política tuviera que pasar por caja. Ahora ya no valen las intenciones, tan sólo los hechos.
Creo que más o menos todo el mundo sabe que hacía cuando se enteró de la tregua. Mucha gente se preguntó que significaba que se tratase de una tregua “permanente”. Es una pena que los periodistas, los que más tenían que preguntar al portavoz de Batasuna, no lo hicieran. A mi también me llamó la atención otra cosa. ¿Cómo es posible que se ilegalice a una formación –de un modo muy poco moral y contra la voluntad de gran parte del pueblo vasco- pero que pueda dar ruedas de prensa delante de decenas de periodistas?
La primera gran noticia sobre una tregua de ETA de la que tengo conciencia se dio cuando tan sólo estaba en el Instituto. Se dijo que a ETA no le quedaba más remedio. Había cometido demasiadas atrocidades (creo que una sólo ya son demasiadas) y ya no tenía crédito político. Las bases de Euskal Herritarrok empezaban a resquebrajarse demasiado. La sociedad que antes la miraba recelosa, la veía con una mezcla de miedo y odio. Ya no quedaba ningún resquicio de aquella organización que nació del PNV para hacer daño al régimen franquista.
Probablemente ése fue el problema. Ya no quedaba nada. Todo el mundo la dio por muerta y se negocio con ella por inercia no por que se creyera que se iba ir a algún lado. Además, faltó la presencia indispensable de aquel que los vascos decidimos fuera nuestro representante: el lehendakari. ¿Qué sentido tiene negociar con una nación si no está presente su máximo representante?
Esto es lo que me da miedo por ahora. De momento he visto muchas medallas. Muchas felicitaciones. Los populares dicen que es por la herencia de la persecución de la época Aznar. Lo que no dicen es que esa persecución masiva contra todo lo vasco también les costó ser apartados del Parlamento Vasco en su momento. Los socialistas hablan de que es por el talante de Zapatero con los nacionalistas –será con los catalanes, porque por mis tierras no ha hecho demasiado-.
En Batasuna hablan de nuevo de Otegi como el nuevo Gerry Adams. ¡Qué miedo me dan los “nuevos”! Desde el Gobierno Vasco dicen que era necesaria y que es una buena noticia porque se acerca el momento de la paz definitiva, pero no se acuerdan de que en las últimas elecciones se quedaron dormidos desde su primer puesto, que no le dieron al pueblo lo que el pueblo quiso recibir y que todavía tienen cara de susto cuando miran los últimos resultados electorales.
Los demás, bueno, los demás simplemente se congratulan en mayor o menor medida.
Supongo que como la sociedad vasca. Una sociedad que muchos se empeñan en enseñar como un pueblo gris. Atemorizada por el horror de las armas. Anquilosada en sus viejas creencias. Creo que el trabajo de los medios de comunicación es bueno a quienes les interese, pero no demuestra –en ningún caso- la realidad de un pueblo alegre que, de vez en cuando, se lleva sorpresas insospechadas. Hoy mismo, los periódicos publican que Bilbao superó en 2005 el millón de pernoctaciones. Bilbao turística. Cada vez viene más gente a los museos, a nuestra Aste Nagusia a estar con nosotros sin miedo a las armas. Al igual que ocurre con nuestros hermanos de conflicto, los orgullosos y hospitalarios irlandeses.
Ellos también lloraron sangre. La sangre de guerras civiles. La sangre de las víctimas de todos los bandos. La sangre de décadas sin paz. Pero también la sangre de no tener los mismos derechos que los demás, de no poder decidir, de que todos decidiesen por ellos, libertarios y opresores. Las lagrimas por perder su idioma, sus bailes, sus raíces.
Sin embargo, creo que estoy en lo cierto al pensar que si durante mil años no nos quitaron lo nuestro, lo que más queríamos: nuestra tierra, nuestras fiestas, nuestro idioma, nuestros paisajes de ensueño, nuestra comida, nuestro humor, nuestros deportes, nuestras creencias, no podrán hacerlo nunca.
Cuando el polémico Sabino Arana diseñó la Ikurriña –aunque parece ser que se han encontrado banderolas similares bastante anteriores a él en zonas como la necrópolis de Argiñeta, en Elorrio- supo escoger los colores. Ya hemos derramado bastante sangre –sea o no de gudaris- sobre nuestros verdes campos. Ahora toca el blanco de la pureza, el blanco de la paz.
Por eso espero que nuestros políticos den la talla. Durante años se nos acusó de ser una sociedad demasiado politizada. ¿Es eso malo? ¿Es malo que nos preocupemos por pensar en política? Puede que nosotros no pensemos en la política, pero la política pensará en nosotros. Esta frase, transformada por Arzalluz fue dicha dos siglos antes por Montesquieu. Todo es política. Cualquier decisión política influye en nosotros.
Creo que la Mesa de Partidos propuesta desde Lakua es una buena oportunidad para que, de una vez por todas, y no como en Argel, TODOS nos sentemos. Digo todos porque todos los vascos hemos votado. Cada uno a una fuerza política. Y todas deban estar. Los extremos –EHAK, Batasuna, PP- y el centro –PNV, PSOE-. La izquierda y la derecha. Los partidos más jóvenes y los más antiguos. Es aquí donde reside nuestra riqueza, en nuestra pluralidad. No aprovecharla sería, posiblemente, el mayor error de nuestra historia y un pueblo tan antiguo como el vasco tiene ya muchos experiencia como para permitirse más errores.
Lo que para muchos es un órdago de ETA o una excusa para librar a Otegi de la cárcel se equivocan. Muchos piensan que no hay que fiarse de los que son asesinos. En eso se excusaron hace años y el resultado demostró que estaban totalmente equivocados. Probablemente no sean las personas en las que confiaría mi casa, pero tampoco lo haría en políticos que, a diario, no cumplen sus promesas. No construyen carreteras u hospitales o sólo aparecen en las fotos que dan votos.
También creo que, por primera vez, debería entrar en la negociación un factor que hasta ahora nunca ha aparecido en las negociaciones ETA-España, pero que sí lo ha hecho, y con mucho éxito en el caso de los Acuerdos del Viernes Santo en Irlanda y en el desarme definitivo del IRA: el colectivo de estudiantes.
Tanto los sindicatos profesionales como los sindicatos de las universidades vascas (Oñati, Deusto, Arrasate y EHU) tienen representantes que deben denotar el sentir de la juventud vasca. En todos los países del mundo las universidades son motivo de orgullo, pues en ella se forjan sus “cerebros”. ¿Por qué no negociar con los cerebros del futuro? ¿Por qué no hacerlo con los trabajadores que nos dan de comer hoy día?
Probablemente esté cayendo demasiado en la utopía, pero, al fin y al cabo, creo que son días de esperanza. Días en los que hemos de buscar el mejor camino para todos y, sobre todo, el camino que desee el pueblo vasco, pues es éste el que debe decidir por sí mismo.
Y en esto sí voy a desmarcarme. Considero que es sólo el pueblo vasco. El que vive y muere por él. El que trabaja para mantenerse y para mantenerlo. El que suda por él. El que lo disfruta y lo siente, el que ha de decidir. No creo que sea tan complicado oír su voz en este caso. Tan sólo una palabra: referéndum.
Sin embargo creo que aquí viene el principal problema. No por quién votará y cuándo, como muchos promulgan, si no ¿qué preguntarle? No pienso que preguntas como las del CIS resulten acertadas: ¿es usted vasco o español? ¿se siente vasco español, vasco, español, español vasco? No. Creo que es importante que se le pregunte por qué quiere ser. ¿Quiere ser vasco o español? Y en función de la respuesta que, me guste o no, ha de ser respetada tanto como respetaron nuestros antepasados los fueros, preguntar entonces por segunda vez si desea ser federado, independiente, autónomo o lo que sea. Por eso creo que el proceso ha de ser lento, como las operaciones más complicadas. Teníamos un paciente en medio muerto que ha dado señales de vida. Su corazón vuelve a latir esperanzadoramente y es hora de que seamos cuidadosos en su resurrección. Hemos de hacerla entre todos. Olvidando el pasado (y el pasado no es sólo hace 40 años, también es anteayer) y centrarnos en algo que siempre ha diferenciado a este pueblo de los demás, su falta de miedo al futuro.
Volvamos a mostrarle a los demás nuestra emoción por el futuro. Nuestra ilusión por mejorar. Nuestro respeto por el pasado.
Una bonita canción de Oskorri resume perfectamente mi sentir: el mayor regalo y legado de nuestros antepasados es “no tener ganas de aplastar a nadie y no querer ser aplastados por nadie”.
Por fin llegó la hora de decidir.