lunes, marzo 27, 2006

La imagen de la semana

Mini cumple años a lo grande

De aquí y de allá

Es curioso como los esfuerzos de los más "modernos" normalmente se quedan en nada. Las nuevas tecnologías, las autopistas de la información, la globalización, la economía única, la Unión Europea o el "occidentalismo" (Estados Unidos más Europa) defendidos por muchos normalmente se quedan en nada.
Las empresas se esfuerzan por llegar a mercados cada vez más homogéneos y, normalmente, las que se ciegan en ello, acaban fracasando (Pepsi tuvo que cambiar su sabor en Estados Unidos y en Europa porque no gustaban a sus consumidores), la industria de la automoción crea coches, camiones y motos para los tres grandes mercados: Europa, Estados Unidos y Asia oriental; las marcas de perfumes crean olores diferentes para cada "cultura" y los discursos políticos son ininteligibles para aquellos que no viven imbuidos por la historia de su país.
Supongo que no es nada complicado de ver: si en un Estado con "sólo" 42 millones de habitantes y poco más de medio millón de kilómetros cuadrados es imposible ponerse de acuerdo, supongo que la pelotita en la que vivimos es demasiado grande. Es muy probable que esto nos ocurra porque nos estamos dando mucha prisa en juntar algo que ha estado dividido a la fuerza durante siglos.
Además, creo que una de las grandes riquezas del hombre reside, precisamente, en su diversidad. Probablemente no parezca la persona más cosmopolita de este mundo, pero me encanta ver bailar un aurresku en las bodas, disfruto con las traineras en verano y, sinceramente, con Itoiz, Sorotan Bele y Oskorri.
Pero también disfruto viendo la NBA, la Fórmula 1, los campeonatos de surf en Hawaii y leyendo novelas de castillos escoceses encantados.
Uno de los casos de "independencia" cultural dentro de un gran "equipo" lo hemos vivido recientemente entre Francia y España: mientras los universitarios galos se partían la cara contra el capitalismo más recalcitrante, los hispanos, mucho más calientes y latinos, se sublevaban ante el orden establecido para disfrutar de una buena fiesta en la calle con los amigos.
No deja de ser curioso que en el Estado, el que peor cifra de ocupación tiene entre universitarios (sólo el 35% trabaja de su especialidad) de la UE y una de las más bajas de la OCDE, nadie se haya parado a pensar que si la inaceptable Ley Villepin sale a la luz, correrá como un polvorín por el resto de los 25.
Quizás nadie se ha dado cuenta porque en estos días hemos perdido algo que nuestros padres y nuestros abuelos tuvieron muy claro: los jefes siempre cierran filas. El corporativismo es sagrado en la patronal. En el Gobierno. Antes, como medida de protección ante ello, los trabajadores y los estudiantes también creaban su sistema de fuerza y salían todos a una a la calle. Creo que es necesario que recuperemos ese espíritu para luchar contra algo muy grave: la división y el individualismo que se está apropiando de la sociedad.
No soy muy mayor, pero recuerdo que no hace mucho se podía ver los bares llenos por las tardes de compañeros de trabajo que después de compartir el sudor y el cansancio, también compartían los buenos ratos. También se contaban sus hazañas del fin de semana y sus sueños y problemas. Hoy en día es muy raro encontrar a alguien importante en el trabajo en el que apoyarte.
También he de suponer, de todos modos, que otras de las razones por las que los jóvenes franceses se quejan es porque, curiosamente, tienen mucho más que perder que los estatales (a los que casi sólo nos queda ganar): el salario mínimo interprofesional es el doble en Francia que en España (más de 1.100 euros mensuales por unos 550 en el Estado); la tasa de ocupación de los menores de 26 años en Francia es del 96%, mientras que al Sur de los Pirineos se queda en poco más del 50%. Los universitarios franceses que ejercen su profesión rondan el 80% por el ya antes 35% mencionado en España... y un largo etcétera.
Como siempre, siempre se quejan los que mejor se encuentran. Siempre lo hacen los que están más preparados.
No obstante, le veo algo positivo a toda esta disparidad. Probablemente no tenga nada que ver con el tema, pero, en el fondo, creo que comparten raíz. Creo que, gracias a Dios, todos los esfuerzos que está haciendo el hombre moderno por alienizarse y estandarizarse están callendo en saco roto y que, la propia naturaleza de las personas, su carácter y su cultura, su genotipo y su ambiente, están permitiendo que las características de cada nacionalidad se mantengan inalteradas. Al fin y al cabo, seguimos siendo de aquí de allá...

martes, marzo 21, 2006

Medallas para unos y otros

Es curioso ver el ansia de protagonismo que tenemos las personas. En todas las facetas de nuestra vida. Desde la más sencilla (nacer, sobrevivir, reproducirse y morir) hasta la más compleja: la organización social. Llevo bastante tiempo fijándome en esto. Exactamente desde que acompañé a mi novia a comprarse ropa para una gala de licenciatura. Me llamó mucho la atención el comportamiento de dos personas que estaban en el vestuario contiguo. También chica y chico. Ella vió una prenda. Le gustó. Se la probó. La convenció y... se decidió pues era barata. Sin embargo, a pesar de que su pareja de compras le dio la razón de que le quedaba bien, la disuadió porque "es el mismo modelo que tiene menganita, ¿no te acuerdas? ¿cómo vais a ir las dos igual?".
Entonces me fije que nos gusta (por lo menos por aquí, que tenemos fama de ser muy fanfarrones) dejar claro que somos diferentes, precisamente en la sociedad más estandarizada de la historia: yo no soy de Cruces, soy de Bilbao; mi coche y el tuyo son iguales, pero el mío tiene 20 CV más que el tuyo; tu casa y la mía tienen los mismos metros cuadrado, pero yo pagué 10 millones más (esta frase me dejó de piedra cuando la oí, ¿cómo es posible que alguien se sienta orgulloso de pagar más que el de al lado?)
Supongo que ha de ser como el instinto de liderazgo en las manadas de lobos. El que más tiene más vale. Simplemente, capitalismo.
El grave problema que tiene esto es que las personas somos seres sociales y, como tales, conformamos una clase política (que, sinceramente, creo que Arturo Pérez-Reverte tiene razón cuando dice que "los políticos son reflejo de su sociedad") y, sobre todo, una conciencia comunitaria.
No es de extrañar, por tanto, que las ONGs se quejen de que no se crean sistemas de depuración de agua en el tercer mundo, porque "los políticos no acuden a inaugurar obras poco vistosas en las que se llenan de barro" (con Franco esto no pasaba). Que las obras sólo se den en época electoral en la mayoría de los lugares (creo que Bilbao y Madrid son la excepción, aquí la población tiene la oportunidad de hacer prácticas de ingeniería de caminos, arquitectura e ingeniería industrial a pie de calle...) o, más aún, que los políticos no tengan el mínimo problema en decir la burrada más grande protegidos por la inmunidad parlamentaria.
Debe ser algo así como lo que dijo Warhol: "todo el mundo tiene derecho a sus 5 minutos de fama".
Pero, sinceramente, en condiciones normales (apartando casos extremos como Bush, Aznar, o la extrema izquierda, me da igual de aquí que de allí) eso no es lo preocupante. Lo grave es la idea social que se da. Esto provoca los estereotipos y, por desgracia, la desvirtuación total de la realidad.
No es raro oír a gente criticar las colas de Osakidetza y la Seguridad Social en general... sin darse cuenta de que en otros paises, EEUU, por ejemplo, 50 millones de personas se moriría por esperar en esa cola. También nos colgamos la medalla de "en Europa" tenemos una educación mucho mejor que la que tienen otros países como EEUU (me resulta muy curioso, y no creo que sea proamericano, que la sociedad europea vea en EEUU su gran ogro, sin pensar que lo tiene mucho más cerca: en su casa), hasta que sale a la palestra el estudio PISA.
En 2000 la UE se propuso colocar 12 universidades continentales (Oxford y Cambridge ya estaban) entre las 20 primeras del mundo. Para ello rediseñó todo el sistema educativo. Al final de la primera fase del proyecto el resultado es espectacular: ¡NINGUNA! 17 son estadounidenses, 2 británicas y 1 japonesa.
Discutiendo recientemente de esto con un compañero me explicó: "la buena universidad en Estados Unidos es privada, la pública es residual, por ello están en esa situación". Eso me llevó a investigar sobre el tema y mi conclusión fue doble y muy grave. Por un lado, en EEUU existe la posibilidad de recibir becas TOTALES (no créditos estudiantiles tipo Deusto) por más de 120 cualidades (desde deporte, hasta saber hacer excepcionalmente bien algo -ajedrez, escribir, leer, dones sociales o para las ciencias-) y de ello se aprovechan el 21% de los estudiantes. Yo conozco un caso de un alumno que pasó por la Facultad de Física de la UPV, de allí a la de astrofísica de La Laguna, en Tenerife y que ahora es profesor de la Universidad de Michigan. Por otro lado la educación pública (totalmente pública, desde los libros hasta el transporte, pasando por cuantiosas subvenciones -hasta el 70% del coste- de la alimentación de los niños) ocupa el 98% del espectro hasta el bachillerato. Esto da una media de 15 años para que los padres puedan ahorrar para enviar a sus hijos a la universidad. Aquí, en el Estado, te gasta el dinero de pequeño y en la universidad, porque, seamos sinceros, el salto entre la pública y la privada, sigue siendo más que evidente.
La última medalla que me llama la atención es la de que Europa es keynesiana y tradicionalmente de solidaria.
Creo que con sólo nombrar la ley Villepin para los jóvenes menores de 26 años en su primer contrato profesional me vale para decir que, por desgracia, el hueco entre las cosas malas de todos los países tiende a estrecharse: será la globalización: capitalismo para todos.
No soy demasiado creyente, pero creo que la parábola de la paja y la columna en el ojo tenían más de premonición que de parábola.

sábado, marzo 11, 2006

La imagen de la semana

Otra recomendación televisiva

El triunfo de la palabra


Antes de comenzar, una pregunta: ¿Preferirías un médico que te coja de la mano mientras te mueres o uno que te ignore mientras mejoras? Aunque creo que lo peor sería uno que te ignore mientras te mueres... Gregory House

Hacía mucho que la TV no me hacía "disfrutar". Eso me había empujado a otros medios de ocio: la lectura (más cantidad de lo habitual, lo cual lo agradezco), los juegos de ordenador (mis ojos lo agradecen un poco menos), internet (como este blog), etc. Mi consumo de la "caja tonta" ha girado siempre en torno a las series: Friends marca una etapa en mi vida televisiva; los Simpson demuestran que se puede hacer productos de animación para niños un poco "piezas"; y otras míticas de cuando era más pequeño, como "El equipo A", "El coche fantástico" -¿tendrá KITT que ver con mi obsesión con los coches?- y un largo etc.

Normalmente me atraen las series que me dicen algo. El humos de Chandler Bing, o las reflexiones de Homer. Quizás por ello siempre he consumido teleseries detectivescas como "Las calles de San Francisco", "Se ha escrito un crimen", "Monk", "CSI NY" -no comulgo con ver muchas tripas como en Miami y Las Vegas- y un largo etcétera. Me gusta que los guionistas jueguen con el lenguaje y me hagan pensar. Que usen frases hechas y que me demuestren que están más allá del chiste fácil -por eso creo que "Joey" se quedará para mi en un baúl de nostalgia para cuando quiten definitivamente Friends".
Precisamente por eso, cada vez me gustan menos series como "7 vidas", "Aida" o -perdonadme la expresión- las infumables producciones españolas de los últimos años desde "Aquí no hay quién viva" o, mayormente, los "Serrano".
Chiste fácil. Burradas soeces. Politiqueos baratos y "retratos robot" de la sociedad española: todos somos analfabetos, pero tenemos un negocio, o un portero en casa, o, mejor aún, como en "Médico de familia", un chalet en las afueras de Madrid, dos monovolúmenes y chacha. -Por cierto, esto casi se repite en los "Serrano", en "Mis adorables vecinos" y un largo etc. (¿No será que queremos ver en la TV lo que no podemos tener?). Se hace una imitación muy barata a un modelo de vida que es válido en EEUU, donde un coche vale de media un 25% menos que en España y un chalet en las afueras de Chicago, por poner un ejemplo que conozco de primera mano, raras veces pasa de los 66.000€.
No obstante, había oído grandes referencias de una serie de "Cuatro" -que parece que a base de recoger series de su Digital Plus, comienza a remontar el vuelo en el prime time nocturno-. Me las dijo mi madre (ella ya la veía en la Fox) y las oía en la calle de camino al trabajo y a la Facultad. Hay un médico allá por Manhattan que no tiene pelos en la lengua.
Que le gusta investigar a sus pacientes cual Sherlock Holmes -en el que se han inspirado según los creadores- y que le gusta enseñar a sus espectadores que la sabiduría es práctica -el listo ya no tiene por qué ser el apaleado de un sitio-.
Por eso, el pasado martes me pasé por la consulta del Doctor House. Me quedé obnubilado. Los capítulos son rápidos. Tienen continuos giros. Están bien documentados y saben disfrutar de la tecnología para hacer más creíble el argumento -sigue el ejemplo de CSI pero sin llegar a ser demasiado escatológicos-. El papel de Hugh Laurie es, sinceramente, de Oscar, y no me extraña que esté considerada por el American Film Institute (AFI) entre las diez mejores series que se emiten en la actualidad.
Pero, ¿cómo podemos conseguir algo así? Mantiendo la misma estructura que las grandes producciones. ¿Por dónde empieza eso? Por el productor: Bryan Singer, director de X-Men, Sospechosos habituales y Superman Returns. Un equipo de guionistas del nivel del de la Fox y, sobre todo -y como en todas las series americanas- un director de fotografía de escándalo -¿por qué las series españolas no invierten en esto como deberían?-.
No quiero liarme más. No quiero parecer un vendedor de Digital Plus o de la Fox. Simplemente os hago una recomendación a los que lleguéis todavía más tarde que yo: el martes a las 22:00 en Cuatro os dan, por fin, un ejemplo de cómo una palabra vale más que mil imágenes. Por cierto, os recomiendo la web oficial de house y, si el inglés os es incómodo, la de Cuatro, que tampoco está mal.

sábado, marzo 04, 2006

La imagen de la semana

Un buen modo de olvidarse por un rato de nuestros problemas

Luego dicen de las empresas pequeñas...


Por fin llegó marzo, así que también me llegó la hora de volver a escribir. Esta semana voy a tratar un tema que no se si compartireis muchos de vosotros: el mal trato que dan las empresas pequeñas-medianas a sus clientes y las libertades que se toman con ellos.
Recientemente un estudio publicado por El País reflejaba que en España el 70% de las reclamaciones realizadas por los consumidores tenían como destino las compañías de telecomunicaciones. En especial Amena - Auna (en Euskadi, léase Euskaltel, que aunque no es lo mismo, es la que emplea los métodos más similares, los mismos satélites de cobertura y, al fin y al cabo, la que participa en su accionariado junto con BBVA, BBK, Gobierno Vasco, etc.), que aglutinó más de la mitad de estas protestas.
Hace unos años, cuando se liberalizó el mercado nacional de telecomunicaciones muchas personas -entre los que me incluyo- vimos la oportunidad de ver como mejoraban nuestras condiciones gracias al sencillo principio de la competencia y la competitividad. Airtel (ahora Vodafone) era el gran referente en cuanto a cómo hacerle la competencia al hasta entonces monopolio de Telefónica.
En cuanto a telefonía fija, el paradigma se quedaba en Retevisión y otros intentos más locales, desde Euskaltel, hasta Urnietatel, unidos a otros extranjeros como Uni2 y una larga lista más.
Además, parecía que estas nuevas plataformas multimedia, también mejorarían el nivel de la TV de pago, hasta entonces centralizada en Canal Plus, Canal Satélite Digital (lo mismo pero más completo y caro) y la extinta Vía Digital. El cable era nuestra "salvación".
Por fin se acabaría el despotismo de Telefónica y de la televisión pública... si se pasaban con nosotros, nosotros nos pasaríamos... a la competencia. Nada más lejos de la realidad.
Al igual que cuando estrenamos un coche, que lo lavamos cada poco; al igual que cuando estrenamos zapatos, que no queremos pisar salvo por mármol, las nuevas empresas nos trataron bien mientras tuvieron que captarnos.
Bonitas ofertas (como la docena de canales de TV que te añadían por poner con ellos el teléfono y que al poco comenzaron a cobrar), guiños al consumidor (técnicos instaladores de Euskaltel que ofrecían a los clientes por 300€ un decodificador "alternativo"), una atención al cliente exquisita... pero todo se esfumó y al poco se convirtieron en Telefónicas más pequeñitas.
Recientemente Euskaltel ha emprendido un proceso para culpabilizar a un cliente de sus propios fallos. Durante un tiempo ellos entendieron que su teléfono móvil estaba dado de baja (cuando puedo aseguraros que ese teléfono siempre fue de contrato y nunca estuvo dado de baja ni se pidió ni se insinuó que fuera a estarlo). Entonces, durante meses no lo facturaron. Sí facturaron hasta tres veces un codificador que no tenía en casa (de modo que tuvo que recibir con retraso el dinero que Euskaltel le había ROBADO), le cobraron dos veces un codificador que no le habían puesto (eso se vuelve a llamar pedir prestado sin permiso), o, simplemente, le cobraron por unos canales de TV que tardaron 4 semanas en habilitarle.
Además, no siendo estos "fallos incomprensibles" suficientes, llaman a esa persona con cajas destempladas para, poco menos, llamarle ladrón por no haber avisado de que no pagaba un servicio. Por ello, y después de poner en marcha su servicio jurídico, llegan a la conclusión que, de favor, sólo le cobrarán los últimos cuatro meses de contrato. Conclusión: saltándose todas las normas de conducta ética y principios económicos y comerciales básicos (además de la última ley sancionada en febrero de este mismo mes, según la cual no se puede cobrar de modo retroactivo aquello que no ha sido facturado) dan un ultimatum al cliente.
Euskaltel entró al mercado defendiendo que no sería como las demás nacionales. Que no emplearía su fuerza porque era un empresa vasca para los vascos. Euskaltel se equivocaba o, directamente, nos engañaba. Es una empresa con nombre vasco (su participación no es vasca) creada para sus propios intereses, como todas las firmas del mundo. No es una ONG. No lo pretendemos, pero, por lo menos que no nos lo venda.
Se aprovechó para marcar su preponderancia en este reducido mercado de su "nacionalidad" y del sentir social. No obstante, parece ser que se le agota el crédito. No es raro ver como en cuanto a telefonía móvil cada vez más gente se pasa al color rojo de Vodafone, algo que os recomiendo. En televisión digital, Digital Plus es cada vez más líder y la nueva televisión Imagenio gana cada vez más adeptos.
En cuanto a empresas: cada vez menos fijos y más móviles de empresa con tarifas superreducidas de la anterior firma.
Sólo les queda el fijo y, como consejo a Euskaltel: como sigan así, ni eso.
Por cierto, entre las veinte empresas con menos quejas recibidas dentro de la UE por parte de los consumidores: diecinueve son multinacionales. Se acabó el mito.