martes, febrero 14, 2006

Las viñetas de Mahoma, la caricatura del mundo


Supongo que escribir ahora sobre las viñetas de Mahoma puede resultar un poco "anticuado". Más aún viviendo en un Mundo hiperactualizable gracias a las nuevas tecnologías y al desinterés general del público respecto a todo lo que tenga que ver con ayer.
Sin embargo, me encontraba hace poco releyendo unas noticias publicadas al respecto en El País a lo largo de la semana pasada (para un trabajo del doctorado) y la he unido a una que he podido ojear antes en internet cuando me ha asaltado una duda bastante importante: ¿por qué tanto revuelo por unos simples trozos de papel? y, lo más importante, ¿por qué nadie nos damos cuenta de quiénes salen realmente ganando con toda esta polémica?
La verdad, lo primero que me llama la atención es que el revuelo se haya levantado ahora cuando las viñetas fueron publicadas, por primera vez, entre septiembre y octubre de 2005. Además, no hemos de olvidar, que no se trata del único medio de comunicación que ha sacado imágenes de Mahoma o de Alá (hemos visto referencias al dios islámico en revistas como "El Jueves") y en muchas series de animación en las que más o menos directamente salían representantes de la divinidad musulmana.
A todo ello, me gustaría sumarle la opinión vertida por algún que otro experto en islamismo, como Jean François Clément -especialista en la imagen en el Islam- el martes 27 de febrero de 2006 en la página 36 de "El País" donde afirma que los tres argumentos religiosos contra las viñetas son "falsos o absurdos". Una de las declaraciones más sugerentes es la referencia a la creación de caricaturas dentro de la prensa musulmana: "se puede representar a los judíos, al Papa, a los presidentes americanos. Pero nadie encontrará jamás, en todos estos dibujos, al profeta Mahoma".
He de reconocer, y los que me conocen bien lo sabrán, que no soy demasiado amigo de las religiones. Mucho menos de aquellas que tienden a dejar que sus máximos responsables (y, por ende, toda la masa que los rodea) giren hacia el radicalismo. Es por ello que no soy demasiado amigo de la Iglesia Católica Apostólica y Romana. Tan poco amigo como de una religión que es capaz de "exigir" a un Estado que "sus mujeres" salgan con velo en sus fotos del DNI, del carnet de conducir o de cualquier otro documento público (me pregunto para que servirá entonces ese útil identificativo).
Pero preferiría seguir centrándome en las viñetas, que al fin y al cabo es el origen del tema. Las viñetas han servido, en mi opinión, de increíble e inesperada justificación política para los radicales (esos que me caen tan mal) de ambos bandos.
Por un lado, las "cabezas pensantes" del radicalismo islámico, que veían la afrenta al profeta como la excusa perfecta para alentar manifestaciones y agresiones al invasor Cruzado. Por el otro, a los invasores Cruzados que avisaban con sus imágenes a todo color, del modo que tienen "los infieles" de atacar valores como el Derecho a la Libertad de Expresión. Visto así, parece que el mundo no ha cambiado tanto en los últimos diez siglos.
La estupidez que caracteriza al ser humano muchas veces llegó, sin embargo, a su máxima expresión cuando los países de la Liga Árabe apoyaron, de modo más o menos abierto, el boicot a los productos de todos aquellos países que habían publicado o apoyado la publicación de las caricaturas (desde el punto de vista occidental probablemente sean los defensores de nuestros derechos y libertades, desde el islámico, los infieles herejes), leáse Dinamarca y Francia en particular. Esto ha provocado que en países de gran tradición lechera como Qatar, Kuwait, Arabia Saudí, etc. los supermercados se hayan vaciado de, por ejemplo, leche del Norte de Europa. Un aplauso teniendo en cuenta las tasas de pobreza y desnutrición de muchos países islámicos.
Desde el punto de vista político, otro país que ha servido para excusar a todos los bandos ha sido Turquía. Los partidarios dentro de la Unión Europea a su NO ingreso se frotaban las manos. Giscard D'Estaigne (uno de los más fervientes defensores de ese no) y gran parte de la derecha y el cristianismo puristas europeos sólo tenían que señalar las imágenes de los asaltos a las embajadas danesa y francesa en el mundo musulmán y decir: ¿cómo vamos a meter eso en casa? Los más antieuropeístas dentro de Turquía sólo hacían lo propio: ¿cómo convivir con unos desalmados que no respetan nuestras tradiciones?

El papel de los medios


Pero en medio, los más beneficiados de todo ello, no eran los políticos. Ni siquiera los de Estados Unidos o el Reino Unido (quienes podían intentar justificar también la necesidad de pacificar, democratizar, occidentalizar y de paso comercializar esos países). Los más beneficiados fueron, sin duda, los medios de comunicación. Durante días, los medios de ambos bandos (CNN, Al Jazeera, en especial) avivaron las llamas de un odio que, por mucho que le pese a Zapatero, parece irreconciliable entre ambos mundos, siempre y cuando exista el extremismo religioso. Sinceramente, creo que mientras exista la religión en general habrá riesgo de que alguna oveja se salga del rebaño y acabe perdiéndose -por utilizar una parábola crisitana-.

Es probable que Occidente haya caído en una pérdida de valores y respeto que se convierte en endémica. Que su único dios sea el dinero, el deporte, la música, el cine, el cuerpo o el Velloncino de Oro. Sin embargo, creo que un exceso de religión, que un mundo guiado por personas no humanistas (me da igual que se llame Bush, Cristo o Mahoma) sólo nos puede llevar a que seamos perros con distinto collar, pero al fin y al cabo, perros.
No sé si reírnos de la religión y de nosotros mismos es una virtud o un defecto de falta de respeto. No sé si caricaturizar a los demás es un ejercicio de arte o de mal gusto. Sólo sé que en el Mundo 800 millones de niños pasan hambre. Que muere uno cada dos minutos por una enfermedad o por malnutrición. Que la mayoría de esos niños no saben dibujar. No saben cuanto vale una bandera para quemarla ni un misil para arrojarlo. No saben qué es el dinero porque no lo tienen y, probablemente, nunca lo tengan.
Sin embargo, unos y otros, seguimos mirándonos a nuestro ombligo. Mirando qué hace el de al lado. Si tiene o no petróleo. Si tengo que distraer a mi pueblo con viñetas danesas para que no se dé cuenta de que se muere de hambre o si tengo que convencerle de que el viejo Al-Andalus ha de volver a formar parte de la comunidad islámica (ABC, 13 de febrero de 2006).
Qué pena que nos fijemos en unos dibujos de Mahoma y no en la caricatura en la que nos hemos convertido.