domingo, febrero 19, 2006

El eje indochino




No es raro leer desde hace unos pocos años en los periódicos la amenaza económica que supone la explosión de China (y en menor medida de la India) para las economías occidentales. Los economistas tiemblan al hablar de sus cifras macroeconómicas (esas que casi siempre muestran una imagen tan distorsionada de la realidad que son fácilmente manipulables -España sólo tiene un 10% de paro-): entre ambos 2.087 millones de habitantes (según El Estado del Mundo 2006, Ed. Akal), lo que les otorga el mercado interno más grande del mundo; 10.624 millones de dólares de PIB; crecen a un ritmo del 9% (más del triple de la UE y más del doble que EEUU).
Las empresas europeas, ante la supuesta "imposibilidad" de hacer frente a sus precios (el salario medio de un chino o un indio es de unos 4.000 euros y unos 2.400 euros al año respectivamente -pensemos de nuevo en las manipulaciones-) no les "queda más remedio" que intentar amortiguar la diferencia de costes trasladando allí su producción.
Uno de los ejemplos más llamativos lo encontramos en la sección de telefonía móvil del gigante germano Siemens. Traslado allí parte de su producción en un esfuerzo a la desesperada para acortar su diferencia en la cuota de mercado con Nokia y Motorola. El esfuerzo no sólo resultó inútil, sino que, además, acabó siendo absorbida por la china BenQ.


El espejismo

Pero, ¿dónde está el truco en todas estas cifras? Es cierto que China -la India se encuentra ligeramente más retrasada en el concierto económico internacional- tiene a su favor un mercado interno inmenso. Superior al de cualquier potencia económica anterior. Y también es cierto que poseer un mercado interno y una mano de obra de grandes proporciones ha supuesto hasta ahora un factor clave para encabezar la lista de potencias. EEUU se aprovechó de ello durante el siglo XX (triplicaba a Alemania y duplicaba a Japón, su competencia más directa); el Reino Unido consiguió imponerse a Francia gracias a la gran cantidad de recursos naturales que le otorgaban sus colonias africanas, la India y el vivero canadiense; España encontró en su mercado interno con las Américas el equilibro necesario para tener una balanza comercial estable... e incluso Roma tenía un desarrollo sostenible gracias a dominar todo el mercado conocido.
No obstante, no es menos cierto, que China lleva superando el millar de millones de habitantes desde hace décadas y que la India ha tenido más habitantes que Europa desde hace siglos. ¿Por qué ahora sí es una amenaza? La Unión Europea de los 25 y su área de influencia directa suma una población "mercado-producción" de más de 570 millones de habitantes (sin contar la Rusia europea). Teniendo encuenta que se trata de un espacio económico "de dos tiempos": la antigua CEE es la dueña de las grandes unidades de producción en forma de empresas y, sobre todo, la gran consumidora, y el antiguo "segundo mundo" o Europa del Este, es la productora y la nueva zona de expansión donde, cada vez más rápido, se impone un modo de vida y un Estado de Bienestar similar al europeo (al modo a lo que ocurrió en Europa Occidental en los años '50, donde se tendía a imitar el modelo estadounidense).
Además de ello, no debemos olvidar que junto a estos datos económicos tan flamantes, las Naciones Unidas publican anualmente un Indice de Desarrollo Humano (IDH) en el que se unen datos económicos (como el PIB) a otros de bienestar social (como la esperanza de vida al nacer, el índice de escolarización o el de analfabetismo). Aquí los datos ya no son tan positivos: China se encuentra en el puesto 94 de los 177 países estudiados con una puntuación de 0,745 (la media del mundo es de 0,729); mientras que la India está en el 127 con un 0,595 sobre 1.

El principio de la crisis

Todo esto explotó con la "invasión" del textil chino, de los astilleros chinos y surcoreanos y de la informática india. Para los economistas, muy acostumbrados a ver números en vez de situaciones sociales, les maravillaba el crecimiento oriental. Su ritmo de producción. Su modo de invadir los mercados (saltándose todas las normas mínimas de la competencia "leal") y su discutida capacidad para "adaptar" modelos occidentales a su mercado (Toyota y General Motors tienen más de 200 demandas cada una por copias idénticas de sus modelos). Veían en estos dos países la unión de los viejos tigres y dragones asiáticos: un Singapur o un Hong Kong de miles de millones de habitantes. Sin embargo, no se dieron cuenta de unos postulados más claros que nos ha enseñado la historia: si la gente no come, la gente no trabaja.
Pequeñas empresas de Alicante, el sur de Italia, Francia, el Reino Unido (muy dado a venerar todo lo venido de oriente por encima de su propia producción nacional -no es de extrañar que casi todas sus empresas industriales de relumbrón hayan desaparecido o ya no estén en sus manos-) tuvieron que cerrar o ceder al empuje de las exportaciones chinas -no siempre realizadas de forma legal-. No obstante, otras empresas demostraron que China es perfectamente combatible. La unión de las pequeñas entidades económicas en consorcios podría darles una mayor capacidad de negociación de materias primas, por ejemplo. Esto las colocaría en una situación mucho más cercana a la de monstruos como Inditex y Benetton que, no sólo han vencido es miedo escénico inicial... sino que han empezado la invasión de Oriente.

Perspectiva de futuro

Los orientales tienen una filosofía de vida muy diferente a la occidental. Por todos es reconocido su supuesta disciplica y capacidad de trabajo y sacrificio (como se decía de Japón y de Alemania a fines del siglo pasado). No obstante, parece ser que estos países que en su momento fueron parangón de la eficiencia se están ralentizando porque han comprendido que quizá vivir hasta los 80 habiendo trabajado durante 40 años 40 horas a la semana no es el mejor plan de vida... más viendo cómo otros países como Estados Unidos, España o Italia tienen un nivel de vida mucho más que aceptable con un modo mucho más relajado de disfrutar de sus días.
Creo que una de las claves será que su ritmo de crecimiento acabará remitiendo en un mayor nivel de vida para los chinos y los indios (por desgracia esto no les llegará hasta dentro de unas cuantas décadas). Esto, probablemente acabará traduciéndose en una ralentización de su nivel de productividad y una equiparación de los "modos de vida económicos" entre las sociedades.
Además, creo que en el caso de Europa, mucho más que en el de Estados Unidos, los consumidores están acostumbrados a unos estándares de calidad que, hoy por hoy, los productos chinos, indios, y, probablemente, incluso surcoreanos están muy lejos de dar (por mucho que corporaciones como Hyundai hayan aumentado sus ventas, a nadie le cabe duda la diferencia de nivel existente con LG, Bangs & Olufsen o BMW) entre otras.
Me temo que es más que posible que este cuento chino sea una excusa de las grandes compañías para promulgar y justificar su tan ansiada deslocalización de la producción.