lunes, noviembre 27, 2006

La banda sonora

If you take a life do you know what you'll give?
Odds are, you won't like what it is
When the storm arrives, would you be seen with me?
By the merciless eyes I've decieved?

I've seen angels fall from blinding heights
But you yourself are nothing so divine
Just next in line

Arm yourself because no-one else here will save you
The odds will betray you
And I will replace you
You can't deny the prize it may never fulfill you
It longs to kill you
Are you willing to die?

The coldest blood runs through my veins
You know my name

If you come inside things will not be the same
When you return to the night
And if you think you've won
You never saw me change
The game that we have been playing

I've seen diamonds cut through harder men
Than you yourself
But if you must pretend
You may meet your end

Arm yourself because no-one else here will save you
The odds will betray you
And I will replace you
You can't deny the prize it may never fulfill you
It longs to kill you
Are you willing to die?

The coldest blood runs through my veins

Try to hide your hand
Forget how to feel
Forget how to feel

Life is gone with just a spin of the wheel
Spin of the wheel

Arm yourself because no-one else here will save you
The odds will betray you
And I will replace you
You can't deny the prize it may never fulfill you
It longs to kill you
Are you willing to die?

The coldest blood runs through my veins
You know my name
You know my name
You know my name
You know my name
You know my name
You know my name
You know my name

La imagen de la semana







Bond, el espía que nos amó

Los amantes del cine. Del espionaje, la Guerra Fría, el lujo, el glamour que incluso llega a rozar el snobismo, la prepotencia, la elegancia de la victoria y los mejores sarcasmos e ironías británicas estamos de enhorabuena. Vuelve el hombre. Bond, James Bond. El agente 007 con licencia para matar al servicio secreto de Su Majestad.
Y vuelve por la puerta grande. Cómo sólo él sabe hacerlo. Se reinventa y viene rodeado de polémica. He de reconocer que yo fui uno de los primeros que pensó que Craig David, un actor con un palmarés mucho más aventajado que el de los demás rostros del agente del MI6 cuando afrontaron el papel, no era el adecuado. Demasiado musculoso. Demasiado tosco. ¿Le quedarían igual los Armanis? ¿El Aston Martin? ¿La explosiva chica Bond?
Gracias a Dios me equivoqué. Hacía falta un gran actor para contarnos como se adquiere una de las tres licencias "doble cero" que hay en Inglaterra. Para explicarnos como se puede vivir sin sentimientos, viendo el mundo desde el trono que nos da la prepotencia que provocar ganar siempre. Para decirnos que hubo un Bond sin alta tecnología. Uno que se equivoca. Que abandona por amor. Un Bond que se deja ganar por su propio ego.
Y David lo borda. Sin duda. El mejor actor que se ha puesto ese pesado traje que ya se llevó por delante a Timothy Dalton y a Lazenby. Un traje que desvarió con Roger Moore y que parecía maldito en el intervalo que hubo entre el original Sean Connery y el megacomercial Pierce Brosnan (el primer 007 para muchas generaciones después del parón que se dio entre finales de los 80 y la primera mitad de los 90).

Vuelta a los orígenes
El nuevo-viejo Bond nos recuerda que hubo un tiempo en el que los espías corrían tras sus "víctimas". Una época en la que primaba la picardía. Y una época en la que la oscuridad de los tiempos no era capaz de tapar la elegancia de unos pocos elegidos.
Ian Fleming se imaginó este James Bond. ¿Es el color de pelo lo más importante? Creo que no. Craig tiene una forma de mirar que sólo tienen los ganadores a los que les espera un gran futuro y lo saben (como a la propia Franquicia Bond). Una forma de correr como la que se supone que debería tener un espía de élite. Por fin lucha empleando algunos rasgos de artes marciales como en la propia novela de Ian Flemig. Es sarcástico y poco hablador. Sólo dice lo que tiene que decir.
Y muestra un rasgo común a todos los hombres. Sólo hay algo que puede refinar y hacer cambiar a un hombre: una mujer. Esta vez no es un trozo de carne embuelto en un traje de gala espectacular. Esta vez tiene sentido. Tanto que nos marcará durante las demás 20 películas. Le hace cambiar. Le refina. Le hace más inteligente (que no modesto). Al fin y al cabo, si hay "smokines y smokines", también hay espías y espías.
De nuevo vuelve a sus orígenes: al puñetazo, a la rabia, al disparo sutil y cruel como la hiel. Regresa en su Aston Martin DB5 del 64 (convertido en el DBS, buen juego de la constructora al convertir el 5 en S, prácticamente con un logo idéntico). Le da igual que el Martini con Vodka sea agitado o mezclado: porque todavía no sabe que beberá desde entonces el mítico Vesper: tres partes de Gordons, una de Vodka y una gota de lima.
Además, esta vez también nos olvidamos de malos extraños de países orientales. Los malos de siempre, los de toda la vida están más allá del telón de acero. Están en Montenegro. En Albania. Y a él le toca, como siempre, lo mejor: Portofino, Venecia, Londres, Bahamas.
La saga también regresa para, como hace años, hacernos soñar. Los mejores destinos. Los juegos publicitarios: "¿Rolex? No. Yo siempre Omega". Como siempre ha sido. Hasta en la novela. Siempre lo mejor. Puede que no lo tengamos durante el día. Pero, ¿quién no se ha dormido alguna vez atrapando al Doctor No o desactivando el Goldeneye -casa de las Bahamas propiedad de Ian Fleming en la que nació la leyenda-?
Y como no. A la vieja usanza. Un semidesconocido con una banda sonora espectacular y arrolladora. Chris Cornell con su potente y enigmática "You know my name".

domingo, septiembre 03, 2006

Madrid, bonitas vacaciones

El palacio de las Telecomunicaciones desde la Plaza Cibeles

Ya se acabaron las vacaciones... lo único bueno, como diría mi padre es que ya queda un día menos para las siguientes.

La verdad ha sido una semana bastante completa: 2000 kilómetros con el coche en 6 días, es un buen promedio... el lunes a Irun, el martes a Gijón, el miércoles en Bilbao, el jueves en Madrid, el viernes en el Parque Warner de Madrid (entre Pinto y Valdemoro, como el refrán) y el sábado en Segovia y Aranda de Duero antes de llegar y tomar algo en Repélega. Como veis, casi media Vuelta a España.
Los primeros dos destinos de las vacaciones ya los conocía y me habréis oído hablar maravillas de ellos. Sinceramente, iba más receloso de Madrid. Para mí, por su estructura urbana es y siempre será la capital más grande de Castilla. De hecho, cuando después de la muerte de Franco se lleva a cabo la división autonómica de España, las autoridades se encuentran con el problema de que no pueden incluir a Madrid en ninguna de las dos Castillas a pesar de su vinculación histórica con las mismas por el desfase económico que supondría.
La llegada fue más fácil de lo esperado. A pesar de la gran cantidad de autopistas que atraviesan la capital estatal, una buena señalización (en general) hace que con un buen mapa -os recomiendo cualquiera de Anaya, que está haciendo un muy buen trabajo con las guías turísticas y los callejeros- se puedan subsanar fácilmente los problemas de las interminables obras.
El hotel en el que nos alojamos, el Gran Hotel Fiesta Colón, de 4 estrellas, situado entre la Avda. La Paz (M-30) y la Avda. Doctor Esquerdo, en la calle Pez Volador, hace que esté lo suficientemente céntrico (a sólo dos manzanas del parque del Retiro) y lo suficientemente apartado como para estar dentro y fuera de Madrid al mismo tiempo.
Después de comer en el Hotel nos dispusimos a conocer Madrid como se tiene que conocer una ciudad: andando. Como el calor no acompañaba aprovechamos las horas más incómodas para andar (entre las 4 y las 6 de la tarde el termómetro pasó de los 40º) para recorrer los pasillos del Museo del Prado. Por cierto, un sobresaliente para el museo, los estudiantes no pagamos NADA por entrar.
Después de las Meninas, Velázquez, el Greco, el Bosco, Murillo y una increíble colección de arte medieval, nos separamos de nuestro primer cicerone por la ciudad, mi buen amigo Joseba, para remontar por Alfonso XII y llegar hasta la Puerta de Alcalá y tomar en una cafetería Starbucks un café congelado. Teníamos que tomar fuerzas, había que subir la Carrera de San Jerónimo para ver el Congreso de los Diputados (y hacer las obligatorias fotos con los Leones, hechos con cañones secuestrados a los ejércitos enemigos en una de las miles de guerras que han sangrado España a lo largo de su Historia) y seguir hasta la Puerta del Sol.
A pesar de estar en obras, no perdió su ambiente de Nochevieja ni tampoco perdió su lucidez el Oso y el Madroño, símbolos de la ciudad.
Seguimos andando, bajamos por la Calle Mayor y nos metimos por la calle Postas, conocida por su gran vida desde hace siglos. Y llegamos a la plaza de Madrid por excelencia. La Plaza Mayor, engalanada por el estreno de Alatriste. Los turistas y los propios se refrescaban allá para las 7:30 de la tarde cuando el sol da tregua y la sombra nos acariciaba. Seguimos nuestro recorrido rápidamente para visitar lo que nos quedaba de Calle Mayor y, después de refrescarnos con una prohibitiva botella de agua en un ultramarinos chino (que cada vez abundan más, como en todos los sitios) nos llevó hasta la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena, enfrentada al Palacio Real o, como conocen los naturales, el Palacio de Oriente (debe su nombre al enorme Parque de Oriente, que lo separa del majestuoso Teatro Real).
Después de descansar gracias a la brisa (por fin templada y no ardiendo) que nos llegaba del Campo del Moro, escalamos hacia la Plaza España para poder ver dos moles que aparecen en casi todas las películas españolas de época: la Torre de España (la que fue hasta la construcción del Hotel Delhi de Benidorm la torre más alta del Estado) y, como no, el Hotel Plaza, que es, junto con el Ritz, el más emblemático de la villa.
Nos dejamos llevar entonces por la leve caída de la Gran Vía, abotargada de neones, de teatros, de hostales y de edificios de piedra que rasgan las pocas nubes que en verano tiene el cielo madrileño. Nos detuvimos en la plaza Callao para tomar aire y visitar la comercial calle Preciados (cuyo nombre hace honor las Galerías que no hace demasiado fueron absorbidas por el gigante "Corte Inglés") y seguimos para ver el enorme edificio central de la multinacional Telefónica.
La noche se caía y llegábamos otra vez a la calle Alcalá. Dejábamos a un lado el edificio metrópolis, que antiguamente perteneció a la aseguradora la Unión y el Fénix y que, a pesar de que se llevó la conocidísima escultura que adorna todas sus sedes, fue sustituída por otra que ha sido rápidamente abrazada por los lugareños.
Una rápida visita a la plaza Cibeles y una vista al genial Palacio de las Telecomunicaciones nos llevó hasta el metro. Un transbordo y -a pesar de que no tiene nada que ver con el de Bilbao- llegamos relativamente rápido a nuestra estación, la de Sainz de Baranda.
Se acababa el día. Casi 15 kms andados nos dejaban agotados. Había que descansar, nos esperaba el Parque Warner de Madrid.

La Warner, otra perspectiva, un éxito
En principio, salvo la chica de la agencia de Halcón Viajes en Portugalete, no habíamos recibido buenas sensaciones del Parque de la Warner en Madrid. La verdad, la sombra de Port Aventura es muy alargada.
Como nos explicaba una trabajadora del Parque, la gran diferencia reside en que no tiene aglomeraciones durante el año como puede ser el de Salou, sin embargo, vivir pegado a una gran ciudad le garantiza clientes todos los días que abre. Y, a la vez, le evita colas y esperas en las atracciones.
El sistema, muy sencillo, similar a una mezcla entre EuroDisney y Port Aventura. A la entrada imita del primero una zona de tiendas y dedicada a los niños y a las fotos. Se llama Movie World e imita a Hollywood Boulevard en Los Ángeles. Después la tierra de los "cartoons". Delicia para los niños. Las casas parecen estar dibujadas y el andante se siente como un Loony más. La siguiente tierra corresponde, como es obligación en todos los parques temáticos, al Oeste. Es el Old West Territory. Atracciones de agua, montañas de madera y el coyote y el correcaminos vestidos de vaqueros por todos los lados.
El siguiente paso es la siniestra Gotham City de Batman y la setentera Metropolis de Superman. Aquí se encuentran atracciones tan espectaculares como las de Port Aventura, aunque eso sí, más cortas de disfrutar.
La comida es barata y buena. Las tiendas baratas y con todo lo que desee un niño pequeño o adulto. El tren te deja en la entrada y la propia entrada es bastante asequible.
Un acierto. Por cierto, gracias a la organización por las duchas, cuando el sol pica, se agradecen mucho.

Como podéis ver mi balance de las vacaciones... un 12 sobre 10. Después de andar por Madrid estos días, la recomiendo para pasar un fin de semana variado: teatro, paseos, museos, monumentos, parques de atracciones... eso sí, suerte con las obras.

sábado, agosto 26, 2006

La imagen de la semana

Impresionante vista del skyline de Manhattan antes de los atentados

United 93, impresionante

Supongo que casi todo el mundo recuerda donde se encontraba cuando ocurrió el nefasto ataque terrorista a EE.UU. el 11 de septiembre de 2001. Estaba de vacaciones en Estepona. Había acabado de comer y en el sofá del duplex alquilado por mis padres, me disponía a disfrutar de una relajante sobremesa haciendo el deporte nacional de los menores de 30, el zapping.
Entonces sintonicé Antena 3 y ví cómo Matías Prats cambiaba bruscamente el gesto mientras nos hablaba de una noticia sin demasiada incidencia -como casi todas las de esa época del año-. Entonces nos dijo que no sabía que ocurría exactamente porque le llegaban multitud de teletipos confusos de la Agencia Reuters y de la CNN. Había un incendio gigantesco en una de las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York, en el sur de la opulenta Manhattan.
Cuando se pensaba que era una avioneta, las imágenes de la cadena de noticias antes nombrada nos mostraban un boquete gigantesco y, a los pocos minutos, un vídeo de un aficionado que estaba rodando un documental sobre los bomberos de la ciudad, nos mostraban un Boeing 767 volando muy bajo. Lo suficiente como para impactar contra cualquier coloso de la "Gran Manzana".
Poco después aparecía un segundo aparato que, cual misil, impactaba en la zona central de la segunda torre (esta vez los asesinos sí que acertaban -como explicaré en próximos posts) y conseguían aterrorizar, aún más, a la población de Nueva York, EE.UU. y, en mi opinión, Occidente.
Un tercer avión -aunque algunos periodistas y expertos hayan hablado de la posibilidad de un misil- atacó el pentágono.
Matías Prats hablaba, acertadamente que esta dantesca situación era similar a la de cualquier película de Hollywood. Demasiado cruel para poder ser real. Demasiado dolorosa como para no tener un final feliz.
Él último aparato secuestrado realmente (se llegó a temer por nueve más) fue el United Airlines 93 que unía Newark con San Francisco. Sobre éste último se ha rodado "United 93". Un documental -permitanme que me salte lo de película, pues es demasiado dura y demasiado ceñida a la realidad y exenta de ideología como para reducirla a un entretenimiento- que deja de piedra. Que impresiona. Hace que los espectadores no coman. Se peguen a las butacas y, simplemente, quieran escapar de lo que, por desgracia, sabemos que es un final seguro e irreversible.
No tiene imágenes morbosas ni sangrientas. No las necesita. No da opiniones. No muestra a buenos ni malos. Sólo narra que pasó el 11-s desde dentro del U-93. Todo ello a partir de los registros que se conservan de las últimas llamadas llevadas a cabo desde el avión.
Algunos dicen que fueron derribados por cazas. Otros dicen que es imposible pues estaban a 160 kilómetros. Probablemente lo más adecuado sea quedarse con los héroes en un día nefasto en el que nos abandonó la buena suerte.
La recomiendo. Es un homenaje a la labor documental del cine.

domingo, agosto 20, 2006

La imagen de la semana

Los que me conocen saben que soy un amante de la Gran Manzana y navegando me he cruzado con esta bonita imagen. Espero que también os guste a vosotros. Siento haber estado tanto tiempo sin subir nada al blog, pero Blogger no me dejaba subir imágenes y creo que una bitácora sin fotos pierde mucha fuerza.

El profesor


Creo que ha llegado la hora de que dedique un trocito del blog a la crítica literaria. Sé que consumo un tipo de lectura muy especial. Normalmente me decanto por la novela histórica, además de las obras que las emulan (soy un verdadero enamorado de Tolkien y, en especial, de su Silmarilion). También suelo leer libros en inglés, para intentar mantener en forma un idioma que, para mi, está cada vez más "fofo". Os recomiendo, a los que os guste Superman, los libros Smallville de la Editorial Orbit. Cuentan tres historias cortas sobre la juventud del héroe moderno por antonomasia. En ellos se basó la teleserie.
Otro buen libro en inglés por lo curioso que resulta su formato (es una colección de artículos de opinión) es "Notes from a Big Country" de Bill Bryson. En él, el autor inglés, analiza todas las curiosidades del modo de vida americano. Uno de los capítulos que más me gustó fue el dedicado a los sobrenombres que tienen cada uno de los Estados de la Unión. Aparecen en las matrículas de los coches. A partir de este detalle analiza las costumbres de cada rincón del país. Ante todo, original. Es como encerrarse en un capítulo de Los Simpson.
Pero me llega la hora de centrarme en el libro que voy a "criticar". Me lo regaló hace poco mi novia y, sinceramente, después de leerlo no te extrañas de que su autor -Frank McCourt- haya ganado ya un Pulitzer.
En la obra, el escribano estadounidense criado en Irlanda y vuelto a su tierra con 19 años, narra su propia experiencia como docente en el instituto McKee de Nueva York. A simple vista puede parecer otra novela más que podría acabar en las garras de alguna productora estadounidense para hacer una serie de ambiente sesentero y, simplemente, para hacer otra película más para la sobremesa de cualquier televisión protagonizada por Robin Williams (desde que hizo El Club de los Poetas Muertos cada vez que pienso en un profesor de cine me viene él a la cabeza).
Sin embargo la forma en la que trata los diálogos con él mismo. Ver cómo analiza a los alumnos y cómo comprende que el primer estudiado es él, no sólo por su clase, sino por todos los demás -padres, director, demás profesores, etc.- y su capacidad de autocrítica, hace que se convierta en una historia entrañable en la que se nos muestra la evolución del personaje desde el principio hasta el final de su docencia.
A pesar de ser un libro de 290 páginas, en ningún momento decae su ritmo. Siempre nos cuenta alguna anécdota novedosa sobre cómo salía de los apuros, muchas veces por azar, que nos vuelve a despertar y a arrancar una sonrisa para volver a meternos de lleno en la historia.
Además, la capacidad descriptiva del autor, y el genial trabajo de Alejandro Pareja como traductor para poner siempre la palabra exacta en el lugar exacto hace que, gracias a la foto biográfica de la portada, podamos imaginarnos cada una de las cosas que ocurren entre las aulas del McKee.
Sinceramente, creo que es, realmente, un soplo de aire fresco en las librerías entre tanto Código Da Vinci y tregua etarra. Por un momento nos devuelve a las antiguas aulas de los colegios en las que todos vivimos o de las que tantas veces nos han hablado. Al fin y al cabo, ¿quién no a tenido a su profesor?

sábado, agosto 05, 2006

Un Nuremberg para el sionismo

En vista de que el post sobre la Navaja de Occam ha provocado tantas tiranteces (mirar comentarios) he decidido publicar un artículo de opinión que apareció en la sección Iritzia (opinión) de Deia el jueves 3 de agosto.
Está firmado por Iosu Perales, autor de "El perfume de Palestina" y creo que da una visión bastante acertada de lo que está ocurriendo entre Líbano, Palestina e Israel. A continuación os lo paso:
Recientemente un editorial del diario israelí "Haaretz" decía lo siguiente a propósito de la agresión militar sobre Gaza: "Un Estado que ataca indiscriminadamente a la población civil, deja a 700.000 personas sin electricidad, desaloja a más de 20.000 de sus casas y destruye hospitales, ¿en qué se diferencia de una organización terrorista?" Desde la publicación de dicha editorial el Gobierno israelí y sus generales se han superado con creces: han extendido la matanza a observadores de Naciones Unidas y sobre todo a la población infantil tanto en Líbano como en Gaza. Por cierto, la opinión pública mundial debería saber que en los últimos cincuenta años el ejército israelí ha matado a centenares de menores de edad, sobre todo palestinos.
Los crímenes de Israel son justificados por su gobierno y por Estados Unidos, y atenuados por la Unión Europea, bajo el pretexto de la legítima defensa. Es posible que la población israelí no entienda que entre las matanzas de su ejército en Gaza y la reacción de Hizbulá en la frontera del sur del Líbano hay una relación total. Del mismo modo el rapto de un soldado israelí en el puesto militar de Kerem Shalom por milicianos de la franja de Gaza no es sino la respuesta a una fuerza ocupante. Pero Ehud Olmert, como Washington y Bruselas, saben perfectamente cuál es la causa de esta terrible crisis: la ocupación de los territorios palestinos por una fuerza militar y por más de doscientas colonias de judíos. Ésta es la herida abierta en Oriente Medio que la manipulación de los hechos pretende que olvidemos. Se nos dice que Israel se defiende del terrorismo cuando en realidad es una potencia colonizadora que aplica la limpieza étnica para su objetivo de construir el Gran Israel, utilizando para ello métodos de castigo colectivo contra la población civil del más puro estilo nazi.
El objetivo del sionismo es la sustitución de un pueblo por otro en un territorio, mediante la inversión de la demografía a través de tres mecanismos: la expulsión de la población palestina; la prohibición de su retorno mediante leyes; la importación de población judía de todo el mundo para colonizar nuevos territorios en Judea, Samaria y Jerusalén. No es de extrañar que el primer ministro Olmert esté dispuesto a negociar la presencia de una fuerza de interposición en el sur del Líbano, una vez que su ejército se haya posesionado del terreno, mientras que niega esta posibilidad para el caso de Cisjordania y Gaza. La respuesta es clara: el sionismo no renuncia a conquistar más territorios en la Palestina ocupada, pues en su agenda oculta se contempla dominar toda la Palestina histórica, desde el río Jordan hasta el Mediterráneo, por lo menos. En su particular hoja de ruta el Estado de Israel no contempla someterse al derecho internacional y al derecho humanitario. Para seguir siendo un Estado díscolo cuenta con el apoyo incondicional de Estados Unidos en cuyo país el sionismo y la Nueva Derecha Cristiana matienen una alianza teológica y militar.
Israel hoy por hoy representa un peligro para la paz mundial. Más aún cuando sus dirigentes y parte de la población, en palabras del intelectual judío Michael Warschawski, "ha asumido el concepto de choque de civilizaciones y ve la necesidad de una guerra de anticipación permanente". El árabe, lo musulmán, enemigo histórico en la lucha por la supervivencia del Estado de Israel se convierte ahora en un enemigo aún mayor que luchar por derrotar al mundo civilizado. Esta tesis hecha paranoia justifica totalmente la violencia que se pueda desplegar contra la barbarie musulmana. Sin embargo, ni Israel, ni EE.UU. ni Europa deberían olvidar que un joven llamado Osama Bin Laden contempló la invasión israelí del Líbano en los años ochenta y que hoy muchos otros jóvenes están contemplando idéntico escenario. No, realmente por mucho que se diga esta no es una batalla contra el terrorismo: es una guerra que pretende cambiar el mapa político de la región, de Estados debilitados y gobiernos títeres, con Israel como gran gendarme. Esta locura no puede quedar impune, por más que Israel, aspirando al estatuto de víctima del Holocausto culpe a sus adversarios de sus propios estragos. La invocación a los males sufridos por el pueblo judío constituye la base de un discurso que pretende un pasaporte de inmunidad perpetua con el fin de ejercer una violencia despiadada. Es siguiendo esta lógica que el primer ministro Olmert ha culpado a las autoridades libanesas de no haber desalojado el edificio bombardeado en el que ha sido asesinados dos docenas de niños y niñas. Lo mismo dijo ETA a propósito de su bomba en Hipercor.
Ehud Olmert, como Ariel Sharon, sus ministros y generales merecen un juicio internacional por crímenes contra la Humanidad. Los asesinatos en masa de que son culpables no son comparables siquiera con los de Al Qaeda y mucho menos con los de Hamas o Hizbulá, por la sencilla razón de que un Estado está sujeto a la Ley. Cuando un Estado comete actos de terrorismo -Israel aterroriza sistemáticamente a la población civil de Gaza, Cisjordania y ahora el Líbano- su culpabilidad es mucho mayor, pues al quebrar el derecho y violar los convenios humanitarios está poniendo en grave peligro la sociedad mundial y a las relaciones internacionales y sus normas. Si algunos verdugos -no desgraciadamente todos- de los judíos fueron juzgados; si asesinos generales serbios están siendo sometidos a un tribunal internacional ¿cómo se podrá justificar para la Historia el no enjuiciamiento de líderes sionistas culpables demostrados de matanzas horribles? Es evidente que no habrá ningún gobierno ni organismo internacional dispuestos a un Nuremberg para el sionismo. Al contrario, parece que EE.UU. y la Unión Europea seguirán permitiendo que el monstruo sea cada vez más grande, llevándonos de esta manera al borde de una conflagración mundial; pero la sociedad civil, las organizaciones de Derechos Humanos, las ONG, deberíamos hacer algo, aunque sea simbólico, exigiendo al Tribunal de Justicia de La Haya la apertura de un juicio al sionismo. Entonces se les podrá pedir explicaciones de por qué en la estación de autobuses de Jerusalén haya lucido durante tanto tiempo un graffiti que dice: ¡Holocausto para los árabes!

viernes, julio 28, 2006

La imagen de la gente

Un ejemplo de la increíble gente que uno se puede encontrar en Asturies

Imágenes de la semana





Momentos culminantes del viaje

Impresionante Asturies

Hacía mucho tiempo que no visitaba el Norte de España. Las prácticas y el trabajo no me permitían salir de vacaciones desde hacía cuatro años y mis viajes se "reducían" a Irun y Donostia además de alguna escapada más o menos espaciada a Iruña. Así que tenía muchas ganas de volver al Cantábrico. Al fin y al cabo es "mi" mar y me encuentro mucho más a gusto dando vueltas por la zona Norte del Estado que por el Sur (aunque la riqueza de esta otra región es envidiable).
Al ser Galiza tierra de mis antecesores había pisado muchas veces tierra de guajes, sin embargo la mala situación de la carretera hizo que mi padre, por economizar tiempo y combustible -que viene a ser lo mismo que tiempo y mucho dinero- se decantó por la Autopista del Norte, de la que sólo pagas el último tramo entre Burgos y Bilbo (la nada desdeñable cantidad de 15,70€).
El viaje se presentaba emocionante: el primero con el León -quería saber cuánto daba de sí en un trayecto "largo", 800 kilómetros en tres días no está mal para un coche que no llegaba a los 5000- y volver a Xixón, una ciudad costera de la que oía maravillas pero que no visitaba desde hacía, al menos, quince años.
El resultado: espectacular. Asturies siempre me había embelesado por su preciosa y exhuberante naturaleza. Me había enamorado por su gastronomía -bien lo saben los pocos restos de quesu de Cabrales que ya casi no quedan en la nevera- y, como casi todo el Norte, en especial Galiza, por su gente.
Tenía puestas muchas expectativas en cómo sería el Hotel Príncipe de Asturias en el que nos alojamos. La verdad lo recomiendo no sólo por la hospitalidad del personal y por el nivel de las habitaciones, sino también por su cafetería y su comedor. Poder mirar el Cantábrico sobre la Playa de San Lorenzo desde un noveno -a pesar de tener vértigo y de que era un día lluvioso es, sin duda, de lo mejor que se puede ver en toda la costa cantábrica-.
La ciudad
Con unos 270.000 habitantes Gijón es la primera ciudad del Principado y la segunda del Cantábrico tan sólo por detrás de Bilbo, la gran metrópoli del Norte y, después del Burdeos -contando las respectivas áreas metropolitanas- de todo el Atlántico sureuropeo.
Los esfuerzos de reconstrucción de la antigua Gigia romana no están cayendo en saco roto y sus playas y el modo en que han remozado la antigua zona portuaria está al mismo nivel que cómo han preparado su casco antiguo. Ojo al espectacular Palacio de Revillagigedo con una preciosa y bélica estatua del omnipresente Don Pelayo.
La zona de Begoña alberga un precioso parque en el que los oriundos se detienen a disfrutar de sus familiares y amigos y, la verdad es que Xixón es eso: un lugar donde el tiempo parece ir más despacio y en el que disfrutar.
A ello hay que unirle dos cosas la "ajetreada" calle Corrida y, sobre todo el latir incesante de sus sidrerías. No soy un amante del alcohol en general y de la sidra en particular, pero ver el ansia con el que la degustan los asturianas casi hacen que tenga ganas de dar un trago.
Después de todo ello sólo queda un punto fundamental para un viajero vasco: la gastronomía.
Tuve el placer de degustar y deleitarme con una sensacional fabada asturiana casera hecha con el mejor compango. Increíble. También me pude emocionar con una genial y atrevida ensalada y un muy bien preparado bacalao (difícil de dar a probar a un bilbaíno amante de este pez) en una sidrería en la que hay que pedir mesa con antelación aunque sea un día laborable: el Restallu.
León, la otra parada
Para volver a Bilbao hicimos una parada rápida en León, capital de uno de los antiguos y más esplendorosos reinos de la España de la Reconquista. Aunque al entrar pueda parecer una ciudad perezosa y somnolienta, mientras nos acercamos al León medieval (el Barrio Húmedo), aumenta su palpitar.
Sus tiendas de gastronomía (aunque no se autodenominen delicathessen están a su nivel) poseen geniales productos selectos. Un perfecto envoltorio para adentrarnos a sus calles medievales en las que podemos ver, de vez en cuando, un artesano gótico. Justo después de visitar el Hostal de San Marcos, con su genial fachada plateresca y su peregrino de metal siempre observándolo. Este genial edificio, una de las obras cumbres del Renacimiento español, fue sede de un hospital para los peregrinos del Camino de Santiago, sede de los caballeros de dicho Camino e incluso cárcel durante la Guerra Civil y los primeros años de la posguerra, hasta que paso a convertirse en uno de los más reseñados Paradores Nacionales.
El Hostal es un prólogo genial para un nudo espectacular: la Catedral de León. Su inmensidad, sus vidrieras y los edificios circundantes (aunque no al lado, sí está cerca el Palacio de los Guzmanes) hacen que retrocedamos seis siglos en el tiempo.
Y justo antes de volver a nuestro querido botxo (y después de disfrutar del Seat León un buen rato, porque no decirlo), paramos en Burgos a ver otra catedral: la tercera más grande del Estado y, junto con la de Colonia, la más importante del gótico europeo.
A quienes os guste el arte gótico y pisar y tocar la Historia os la recomiendo. Nó sólo por su tamaño, por su emplazamiento, por cómo la están arreglando, por su escalera dorada y por su museo catedralicio, sino, sobre todo, por la Capilla de los Condestables. Simplemente, espectacular. Uno de los templos más geniales de la cristiandad.
Me quedo con ganas de volver. Más cabrales, más buena gente, más coche y, sobre todo, la siguiente parada. ¿Dónde será? Uvieu suena bien. ¡Hasta pronto Asturies!

miércoles, julio 19, 2006

El personaje de la semana

La calidad de los productos dirigidos por Brian Singer -X Men, Superman Returns, House, etc- han hecho de él uno de los más cotizados en Hollywood. Sin duda, una de las referencias a seguir los próximos años

La navaja de Occam

Probablemente a otros "amantes" del señor Gregory House le suene esta expresión. Se refiere a un tipo de razonamiento basado en la siguiente premisa: en igualdad de condiciones la solución más sencilla es probablemente la correcta.
Este argumento atribuido al franciscano inglés Guillermo de Ockham forma parte de una corriente denominada reduccionismo metodológico que ha marcado del devenir de la ciencia. Si queréis profundizar más en ello, en wikipedia podreis encontrar un maravilloso artículo al respecto.
No obstante, si me he referido a esto no ha sido, ni mucho menos, por volver a publicitar de nuevo esta magnífica serie en mi blog, que últimamente parece un cartel de anuncios de Brian Singer. Más bien ha sido para ver como muchas veces el hombre se obceca en pelearse contra su propia historia cuando lleva las soluciones en su propio instinto.
Podemos decir que la navaja de Occam es un modo técnico de explicar la ley del mínimo esfuerzo: en igualdad de condiciones, la más sencilla, la que requiere un menor esfuerzo de comprensión es, casi seguro, la correcta.
Lo digo porque creo que es algo que deberían aplicar más a menudo los políticos. No sólo por estos lares -ya está bastante trillado el tema-, como un poco más lejos, léase Israel y, por ende, Estados Unidos.
Últimamente ando "algo desconectado" de lo que ocurre por esa zona. No obstante, ayer decidí hacer un buen repaso a toda la situación dándome un buen atracón a las versiones digitales de casi todos los medios que tengo en mis links.
Creo que esta vez Israel se ha valido por ella misma para hacer lo que mejor sabe: matar. Menos mal que son un "pueblo sensibilizado" con lo que les ocurrió hace 60 años. Sinceramente, creo que están volviendo a comportarse como lo hicieron durante décadas en Alemania cuando se autoexcluían en sus ghettos -mucho antes de la insurrección y posterior elección del partido nazi-.
Orgullosos de ser el pueblo sufridor por excelencia a lo largo de la Historia (expulsados de casi todos los países de Europa y enclaustrados en un palmo de terreno en Oriente Próximo que nunca les perteneció, por mucho que coloque como "testimonio" el Antiguo Testamento) están demostrando el porqué a muchas de las manifestaciones contra Sharon y compañía (bendito esté en su tumba). El porqué de muchas de las quejas contra una religión, la judía, que ampara a políticos que permiten el exterminio de otras razas, religiones y costumbres. En definitiva, hacen que mucha gente -por desgracia lo he oído varias veces en la calle- justifique el holocausto.
Sinceramente, hasta ahora se había pensado que todo lo que ocurría en oriente medio tenía que ver con Estados Unidos, el petróleo y las luchas religiosas. La navaja de Occam funcionaba. Creo que esas teorías estaban equivocadas. El petróleo no fluye en Palestina -sí en Kuwait, Iraq y otras regiones-, Estados Unidos cada vez tiene menos que decir dentro del pensamiento israelí -si bien los judíos afincados en Estados Unidos sí que poseen una gran capacidad de incidencia en la política de ambos países, si a Israel se le puede llamar país-.
No obstante, el afán de guerra, destrucción, la necesidad de un posicionamiento geográfico más asentado y, sobre todo, no tener nada que perder ante la mala imagen de la que gozan en casi todo el mundo.
Es una bendición que, normalmente, lo más sencillo sea lo más acertado.